La crisis llega al diccionario
viernes 27 de junio de 2008, 01:38h
La mujer está “inferiorizada”. Así, como suena. Debe ser esa la causa que ha movido a la flamante ministra de Igualdad, Bibiana Aído, autora del nuevo vocablo, a proponer la creación de bibliotecas sólo para mujeres. Se entiende que, para acceder a ellas, sería requisito sine qua non estar en posesión de un carnet que las acredite como “miembras”. El sentido del humor es importante en todos los ámbitos de la vida, y más aún en política, donde los asuntos que se debaten suelen generar tensiones muy agrias. Pero de ahí al ridículo va un abismo, y es palmario que la titular de Igualdad parece haberse instalado en él. Lo peor no es el cúmulo de despropósitos al que parece que nos está acostumbrando doña Bibiana, sino que, en tiempos de crisis, los impuestos de todos los españoles -y españolas, como ahora hemos de decir- se destinen a sufragar semejantes desatinos.
Ha respondido el ministro de Cultura, César Antonio Molina -por lo demás, con bastante sentido común- que las bibliotecas en España se hacen para todos, como no podía ser de otra manera. No se ha pronunciado, en cambio, sobre la fecunda capacidad de su compañera de gabinete a la hora de crear nuevas palabras. Quizá porque se toma en serio su trabajo, como tantos otros en nuestro país. Que la igualdad es algo crucial en el devenir cotidiano de cualquier sociedad es algo que está fuera de toda duda. A ello han de destinarse todos los recursos e iniciativas posibles. Por otra parte, ya existía el Instituto de la Mujer, y desde el Ejecutivo se han impulsado medidas en este sentido. Pero la creación de un ministerio a tal efecto se antojaba sumamente cuestionable. Máxime, en tiempos de crisis; dotación presupuestaria, nuevos cargos y todo el coste que conlleva. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Y para colmo, poner a cargo del mismo a alguien cuyo principal mérito está en haber promocionado el flamenco. Muy loable, por otra parte, pero a todas luces insuficiente. Debe ser que a doña Bibiana se le ha pegado uno de los palos del cante jondo, las “alegrías”, que son las que da cada vez que hace alguna intervención pública. Sucede que tales dislates se pagan con el dinero de todos -y todas, no lo olvidemos-, y bien haría Zapatero en destinar esa partida a políticas efectivas de igualdad, en lugar de sufragar las ocurrencias de alguien que no está a la altura que el puesto merece. Por muy “miembra” del Gobierno que sea.