Vibrante combate en La Catedral que ganó la calidad y esfuerzo madrileños. Por Diego García
Defender el liderato significaba ganar en San Mamés, algo que sólo había logrado este curso el Barcelona, hace muchos meses. Constituía enfrentar a un Athletic en pleno impulso tras el victorioso derbi vasco -como reacción moral tras la eliminación en la Europa League- y en el mejor punto de cocción de la temporada. Cuando visualizan como factible el acceso a puestos europeos. Por eso, y quizá condicionado por el horizonte nuboso que depara abril (con la recepción en el Bernabéu de Atlético, Bayern y Barcelona), Zinedine Zidane apostó por su once más ofensivo, aquel que cuenta con el tridente, pero modificó el sistema para que Bale se sumara al costado del 4-4-2 que pretendería sostener los envite ardoroso de unos leones en los que sólo causó baja San José. Se desplegaba un delicioso clásico del balompié nacional revestido de examen capital para el Real Madrid.
No obstante, no tardarían mucho los pupilos de Valverde en confirmar las sospechas. Los rojiblancos salieron encerrando a los visitantes, con Lekue y Williams desestabilizando por doquier. El conjunto vizcaíno impuso una pauta hiperactiva de ritmo a la que el Madrid le costó aclimatarse. Los primeros 10 minutos se desarrollarían en cancha visitante. No sólo eso, se jugaría en torno al área de Keylor Navas, que se estiraría para abortar el primer remate, de Raúl García y en escorzo cruzado -minuto 7-. Beñat gobernaba para volcar el torrente ofensivo hacia la lluvia de centros laterales, con el líder padeciendo para guarecerse, sin pelota, como gato panza arriba. Sólo tomaría resuello el sistema madrileño con una transición tejida por Carvajal y Benzema que Ronaldo remató a gol en fuera de juego -minuto 9-. Ese respingo inconexo somatizó, de forma coyuntural, la amenaza oponente en los locales y entregó algo de calma y de posesión anestésica a los de Zizou.

Sin embargo, la intensidad del Athletic no bajó y la superioridad por banda (con las parejas Lekue-Balenziaga y Williams-De Marcos) continuaría generando problemas a un repliegue visitante que naufragaba por la incapacidad de ajustar la cohesión interlineal. Así cabeceó a las nubes Iturraspe en un córner forzado por la vía lateral -minuto 12-. Alternarían ambos púgiles presiones con cesión de metros, si bien los capitalinos naufragaban en ese compás por su inferioridad rítmica y de atención táctica. Yeray rozó el gol, a continuación, aunque su remate fue anulado por posición antirreglamentaria, al galope de la inercia más vehemente vasca. Pero, de nuevo la calidad respondió para sacar a flote a un Madrid que pretendía congelar el devenir y disponer un partido largo en el que el cansancio le jugara a favor. En torno al 20 ya era clara la lucha de apuestas: valentía y agresividad posicional del Athletic frente al intento escapista de la asociación merengue.
Entonces aparecieron Benzema, fenomenal entre líneas, y Sergio Ramos. El primero aglutinaría el respiro necesitado por su medular y defensa para dejar a Ronaldo en franquía. El luso descerrajaría un zurdazo cruzado que Kepa sacó con dificultades. Y el central cabecearía fuera de palos, con todo a favor, en un saque de esquina propulsado por Kroos. Había salido de la cueva un Madrid sufrido, que amanecía con mayor presencia en el debate del patrón de juego (53% de posesión al intermedio), aunque los vascos, que cedieron algo de punch, se negaron a retrasar su arriesgado dibujo y nutrieron su convicción vertical en cada recuperación. En consecuencia, la pelota se tiñó de blanco, poco a poco, para circular en un tempo menor por el ecuador del terreno. Ahí, cuando aparentaban los de Zidane voluntad de bostezo, Casemiro cambió de velocidad con un balón al espacio. Ronaldo penalizó la valentía de Valverde corriendo a través de las hectáreas que dejaba la zaga rojiblanca a su espalda y cedió para que Benzema culminara la contra con sencillez, en el 0-1 -minuto 24-.
No digirió bien el contratiempo el Athletic y, sobre todo, Raúl García. Tuvo Bale el 0-2 en un remate forzado que atajó Kepa en la siguiente acción y el que fuera interior del Atlético de Madrid trazó un intervalo de contaminación que frenó, aún más, el ritmo buscado y perdido por sus compañeros. García, que pasó de ser foco de referencia ofensivo en el fragor del inicio vasco, yacía descontextualizado y como simiente de la concatenación de escaramuzas con que el primer acto se aproximó al entretiempo. Aduriz, Casemiro y Carvajal también participaron del cuerpeo en el que Williams y Benzema destacaban como elementos lúcidos. Había ajustado en ambas fases el equipo puntero de LaLiga, pero los locales perseguían su tendencia al toma y daca, con lo que el pistón sofocante de esfuerzo generalizado no descendería, para comodidad de los porteros -más tensión, menos llegadas-.
Se condujeron los trabajados escuadrones a vestuarios con un arreón postrero local. Expuso más nivel anatómico un Athletic que fue protagónico y que, por el contrario, no sólo no consiguió sacar de eje a su contrincante (sus avances pecaban de desatino en el último pase) sino que fue castigado por su valentía. Ganó el descanso un Madrid que no pudo más que rachear cierta sensación de control (territorial y de sensaciones) pero cuya mezcla de trabajo colectivo y calidad conformó un ejercicio escurridizo que le valía el triunfo parcial. Con Marcelo ocupando todo su carril, Benzema en versión colonizadora y Bale entregado a sus atribuciones tácticas, los de Zidane evidenciaron la consistencia suficiente para navegar sobre la exuberante pujanza rojiblanca. Sin Modric, Kroos, la pelota ni el mediocampo en su redil. El partido estaba resultando más batalla que fútbol y la versión más industrial madrileña había entrado en escena a tiempo.

El Txingurri, que suena con fuerza para pastorear Can Barça, leyó como necesario profundizar en la hipérbole de presión y energía. Y Aduriz rozó las tablas en la primera llegada. Un centro de De Marcos fue cabeceado por el delantero y el mal entendido ente Navas y Ramos tradujo la acción en susto que a zaga repelió a córner. Volvía a verse atrincherado el equipo en ventaja por mor de la asimetría de compromiso. La impotencia para amasar la pelota de los visitantes proporcionó otra ráfaga de centros que sobrevolaron la meta del tico con remates de Yeray y Laporte. Pero, otra vez, el exceso de celo de Raúl García le llevó a asestar una patada a destiempo sobre Casemiro que aportaba árnica a la querencia vasca de fogonazo continuado -minuto 52-. Y el Madrid volvió a asomarse ante Kepa.
Ante el bajón registrado, Valverde buscó la reactivación introduciendo a Muniain entre líneas (por un Lekue intrascendente desde el primer cuarto de hora) y en el minuto 59. Y Zidane respondió sacando del verde a Modric (gris con balón) y metiendo a Lucas Vázquez. La modificación vaciaba la medular merengue para apostar por la sentencia a la contra, pues Bale pasó a ocupar el extremo izquierdo y el canterano gallego se desenvolvería por la diestra. Pero el envés de la decisión fue la entrega del esférico a los rojiblancos, que empezaron, al instante, a combinar en el centro del campo para refrescar la tormenta de centros. De ella sacó Williams un remate que Navas pudo repeler y Aduriz amarró el 1-1, al cabecear a la red un pase de testa de Raúl García -minuto 65-. El borde del área visitante reflejaba una superioridad numérica palmaria local y la lectura del técnico francés comenzaba a aparentarse como discutible.
Pero, en este reto continuo de gallardía y pulsión ganadora, el balón parado sobrevino para rescatar al entrenador francés. Un córner lanzado por Kroos fabricó una soberana indecisión en el área que regaló un balón suelto que Casemiro encuadró como el 1-2. Sólo habían pasado cinco minutos y el Real Madrid recobraba la ventaja. E, instantes después, a punto estuvo de resolverse como impecable la sustitución ideada por Zizou, pues una contra hilvanada con seda y en paredes por Marcelo y Benzema condecoró al carioca una opción de lanzamiento que perdonó el lateral zurdo. Sin embargo, toda vez que hubo tragado el Athletic el contratiempo, los vascos retomaron el asedio intensivo a la portería de Navas. No en vano, el portero salvó a los suyos al tapar un chut del preeminente Wiliams en el 76. A pesar de la fuga de resuello.
Se estaba dibujando un cierre de envite vibrante e incierto y Zidane deshizo su cambio. Sacó de los focos al Ronaldo más sacrificado por el colectivo que se recuerda y alimentó la lucha en el centro del campo dando tiempo a Isco. Valverde dio a Beñat (desfondado) el relevo por Mikel Rico, redundando en lo físico e insuflando oxígeno al estertor final vizcaíno. Y Morata y Susaeta también dispondrían de minutos en la conclusión (por Benzema y Raúl García), pero una medular capitalina más poblada y con mayor presencia, con el fin de contemporizar con balón, complicaría la épica local. El cabezazo blando de De Marcos -minuto 86- clausuraría un crepúsculo controlado por los merengues. Con os tentáculos de Casemiro discutiendo con la clase de Benzema por el premio de MVP. El pragmatismo permitió al Madrid mantener el estatus. Su compromiso le valió para aprobar una fiscalización vasca que le llevó al límite en un enfrentamiento de altura.
- Ficha técnica:
1 - Athletic Club: Kepa; De Marcos, Yeray, Laporte, Balenziaga; Iturraspe, Beñat (Mikel Rico, m.79); Williams, Raúl García (Susaeta, m.85), Lekue (Muniain, m.59); y Aduriz.
2 - Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Sergio Ramos, Nacho, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric (Lucas Vázquez, m.61); Bale, Cristiano Ronaldo (Isco, m.79) y Benzema (Morata, m.85).
Goles: 0-1, m.24: Benzema. 1-1, m.65: Aduriz. 1-2, m.68: Casemiro.
Árbitro: Jaime Latre (Comité Aragonés). Mostró tarjeta amarilla al local Aduriz (m.28), y a los visitantes Carvajal (m.28), Casemiro (m.31), Kroos (m.70) y Keylor Navas (m.92).
Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo octava jornada de LaLiga Santander, disputado en un San Mamés prácticamente lleno ante 49.095 espectadores, según datos de LaLiga. Medio millar de ellos aficionados del Madrid. La mejor entrada de la temporada en La Catedral.