La pelota fue catalana pero la intensidad andaluza destrozó al coloso a la contra. Por M. Jones
A pesar del pinchazo del Real Madrid en el derbi capitalino, que había acontecido un par de horas antes del arranque del duelo en La Rosaleda, el Barcelona aparentó dejarse el hambre y el furor en aquella primera parte que sonrojó al Sevilla en el pasado miércoles. El gol de Griezmann que congeló el Bernabéu e incendió LaLiga otorgaba la oportunidad al club catalán de convertir en cero la distancia que los merengues han venido ensanchando y dilapidando en los últimos meses. Quizá por ese margen a la relajación consiguiente a no sentirse presionado y por lo indigesto del enfrentamiento que les medirá el martes a la Juventus en cuartos de Champions, los de Luis Enrique mostraron su cara más plomiza. Tendrían la pelota con amplitud de minutaje, pero en un tempo antagónico al que desarboló a los de Sampaoli.
Reproducirían los entrenadores diverso esquema. Míchel apostó por los tres centrales y dos carrileros largos. Eso sí, colocó a Llorente, Ricca y Hernández como un muro que se vería acompañado por los laterales Juankar y Rosales en labores de achique, sin la pretensión ofensiva que daba su homólogo a ese dibujo. Precisamente, los visitantes recobraron la línea de cuatro en retaguardia, con Mascherano en el perfil diestro -posición anacrónica-, Umtiti y Mathieu como centrales y Jordi Alba en el carril zurdo. Por delante se desplegaban Busquets, Denis Suárez y Andre Gomes. Iniesta era víctima de las rotaciones y el tridente seguía siendo intocable en este sentido. La idea del Lucho era lanzar superioridades exteriores y combinar esa argucia con el juego entre líneas, pero no le resultaría sencillo descomprimir la versión defensiva más ortodoxa de un Malaga que batallaba por la supervivencia en Primera.
La pelota fue azulgrana hasta que se atravesó la primera media hora. No entró en el debate de la posesión un equipo andaluz de repliegue y salida vertical. Pero jugó mejor el Barça en su activación tras pérdida, con Busquets imperial, que en el juego combinativo. De hecho, sólo Neymar se mantendría como amenaza sostenida, con Messi apareciendo con intermitencia en un intento por dar fluidez a la densidad del tiqui-taca culé. Con el registro de gestión de la pelota en ratios absolutos, no encontró profundidad el Barcelona salvo en contadas opciones -sobre todo a balón parado, síntoma del desarrollo del duelo-. Míchel le negó los espacios y obligó a los visitantes a jugar en cancha local (y en estático) pero sin metros que recorrer a la espalda de los zagueros. Y la red de ayudas no ofreció manos a mano ni por dentro ni por fuera, limitando, de este modo, la producción que inquietara a Kameni.

Y es que el coordinado y prolongado ejercicio de encierro malacitano sólo concedería al plácido dominio del favorito tres jugadas peligrosas antes del descanso. La primera resultó la más venenosa: un pase largo de Jordi Alba conectó con el desmarque de Suárez, que se estrelló en el meta camerunés en el sobrevenido mano a mano -minuto 15-; la segunda, en la zurda de Messi, se perdería por encima del larguero blanquiazul en lanzamiento de falta desde la frontal -minuto 22-; y la última, no llegaría a ser rematada por Andre Gomes. El luso recibió en el área un pase artístico de La Pulga pero su lentitud en la reacción permitió que Rosales, in extremis, le hurtara el disparo con todo a favor -minuto 30-.
Tras varios centros por la vía del córner o la falta lateral -inocuos a pesar de generar desconcierto- conseguiría el esforzado Málaga sacar la cabeza gracias a un fallo de Stegen en la salida de juego. Quiso el alemán jugar en corto a pesar de la ráfaga azuzadora malacitana y le entregó el esférico a Recio, el mejor de los suyos en el achique. El mediocentro chutó con celeridad y sin dirección al tiempo que se desperezaba el talentoso centro del campo local. Fornals y, sobre todo, Juanpi empezaron a contemporizar y trompicar el ya frío ritmo cátalán. Hilvanaban asociaciones que no prosperaban pero sí desconcertaban a un Barça complaciente. Y esa transición desde el arrinconamiento hasta el debate del cuero desembocó en un balón muy largo lanzado por Juankar que retrató al relajado balance defensivo visitante. Sandro salió disparado a la espalda de Umtiti y Mathieu y batió a Stegen en la salida del teutón -minuto 32-. Un relámpago del canterano blaugrana -que no estaba en fuera de juego ya que su ignición partió de su campo- penalizaba a un gigante que no sería capaz de cambiar el ritmo hasta el descanso.
No había sufrido el Barcelona más que tres intentos, dispersos, de su rival. Pero su apuesta a jugar un partido largo no estaba saliendo, ya que la pelota no circulaba con la celeridad necesaria para cansar al oponente. Por todo ello, Luis Enrique sacó del verde a Denis Suárez y Mathieu y se entregó a Iniesta y a Sergi Roberto. No modificó su regreso al 4-3-3 pero sí reculó en la colocación de Mascherano como lateral -banda derecha perdida ofensivamente-, que volvía al rol de central. Ese movimiento de piezas alzó el telón de una reanudación rimando con otra actitud y tempo. Aceleró el segundo clasificado en ambas fases de juego, recluyendo, de nuevo, a los malacitanos. Dispuso Messi de otra falta en la frontal. Y la volvería a lanzar sin puntería. Esta vez a las nubes de la ciudad costera -minuto 51-. Míchel intentó que los suyos negaran la inercia de encierro lanzando presiones, pero no llegaban a tiempo sus piezas y los huecos generados propulsaron a un Messi sin amarres y con espacios. Y el argentino chutaría desviado desde la frontal, sin marca, tras un pase de Gomes -minuto 57-.

Asumiría los riesgos el técnico madrileño y a punto estuvo de hacer caja. Una imprecisión catalana de Iniesta y Busquets disparó un tres para dos que Fornals y Sandro llevaron hasta el lanzamiento final de Juanpi. Stegen sostuvo a los suyos -minuto 58- y perdonó el Málaga la primera de las salidas efervescentes que buscaría hasta el desenlace. Respondería Neymar con una ruleta y chut angulado, en el área, que se topó con el poste. Ante el aumento del asedio catalán, pese a los intentos de Míchel, el entrenador asturiano quemaría rápido las naves sustituyendo a Andre Gomes por Alcácer. El ex delantero valencianista ocuparía la banda diestra y el 3-4-3 regresaba a la disposición barcelonesa. Quedaban 30 minutos y Luis Enrique pretendía abordar el liderato con la idea que le metió seis goles al PSG. En el entretanto Juanpi erraba un chut en otra transición malagueña y Neymar cabeceaba alto un centro de Suárez.
Mientras que mantenía Míchel su ambición posicional, con valentía, Neymar decidió erigirse en protagonista: el carioca, más vigilado en el segundo acto, asestó una patada a Llorente, fruto de la impotencia por perder en el lance, y vio la segunda amarilla -minuto 66-. El jefe de la Canarinha añadía más épica al desenlace y trasladó la sensación de imprudencia del libreto del preparador local a la ejecución de una falta sin sentido. El desaire de Ney coincidía con la mejor fase creativa de Messi, que seguía fluctuando entre líneas con éxito. Aún así, no variaría el gesto el Barcelona y Peñaranda daría el relevo a un Juanpi vaciado. La perla venezolana abriría su actuación al borde de la roja con una semi agresión propia de su estatus de novel en la élite futbolística. En la siguiente participación llevó la pelota a la red pero su gol fue mal anulado por posición antirreglamentaria (en otro contragolpe).
A falta de un cuarto de hora el ajedrez ofrecía opciones para los dos contendientes. Había perdido el control de la pelota el Barça y se alocó la dinámica, con el Málaga cada vez más seguro de tornar cada fallo en el pase visitante en una contra muy peligrosa para Stegen. Estaba partido un equipo azulgrana entregado en busca del empate, aunque no terminaba de incomodar a Kameni. La asociación no resultaba fluida ante la urgencia. El colegiado sacaría fuera del área un derribo sobre Sergi Roberto (de manera errónea) y Charles, recién entrado, respondió en el 80 con un chut cruzado que detuvo Stegen. Jony sentó a Juankar y el mencionado delantero brasileño hizo lo propio con Sandro, ovacionado. El cansancio contaminaba a todos los participantes, pero la estadística reflejaba que el arquero malacitano fue mucho menos exigido que su homólogo (67% de posesión pero más tiros locales, en relación de 4 a 3): salió de vestuarios mejor el Barça pero sus fantasmas tácticos le complicaron una labor que no les daría para llegar a la orilla.
Un pase espléndido de Mascherano que remató Sergi Roberto contra el meta africano -minuto 88- reflejó toda la producción de un cambio de sistema que no funcionó -la banda derecha no funcionaría- y, no sólo eso. En el descuento sentenciaría el Malaga en el enésimo contragolpe. Los recién entrados combinaron, al galope y sin marca, y Jony hizo el 2-0 que permite respirar a los andaluces y dibuja una sonrisa rotunda (por inesperada) en la entidad de Chamartín. Empezó el duelo con el liderato al alcance de la mano un coloso catalán que se marchó a tres puntos. Uno más que en la jornada 30.
- Ficha técnica:
2 - Málaga: Kameni; Rosales, Luis Hernández, Diego Llorente, Ricca; Juan Carlos (Jony, m.82), Camacho, Recio, Fornals; Juanpi (Peñaranda, m.65) y Sandro (Charles, m.75).
0 - Barcelona: Ter Stegen; Mascherano, Umtiti, Mathieu (Sergi Roberto, m.46), Jordi Alba; André Gomes (Alcácer, m.59), Busquets, Denis Suárez (Iniesta, m.46); Neymar, Luis Suárez y Messi.
Goles: 1-0, M.31: Sandro. 2-0, M.90: Jony.
Árbitro: Estrada Fernández (Colegio Extremeño). Expulsó a Neymar a los 64 minutos por doble amonestación. También enseñó tarjeta amarilla a los malaguistas Ricca (m.36), Recio (m.44), Peñaranda (m.68) y Juan Carlos (m.80), y a los barcelonistas Jordi Alba (m.7), Umtiti (m.32) y Mascherano (m.86).
Incidencias: Partido correspondiente a la trigésima primera jornada de Liga de Primera División diputado en el estadio de La Rosaleda ante 28.314 espectadores.