El repentino fallecimiento de Carmen Chacón sorprendía a sus compañeros de partido en plena pugna por las primarias. Ayer, sin embargo, no hubo bandos dentro del PSOE, por cuanto el reconocimiento a la valía de una de sus más destacadas militantes fue prácticamente unánime, incluso entre sus adversarios políticos.
Carmen Chacón fue la primera mujer ministra de Defensa, desempeñando dicho cargo con más solvencia de la que cabía esperar. Acostumbrada como estaba a afrontar retos complicados, supo mantener su españolidad dentro de un PSC desnortado, con cuya deriva nacionalista nunca había sintonizado.
En este sentido, cabe destacar su sentido de estado como principal legado -aspecto éste destacado por el propio Mariano Rajoy en el pésame dado en nombre del Gobierno-. Su estancia y trabajo en Estados Unidos en colaboración con el Instituto Ortega y Gasset, que desempeñó admirablemente, permitió a Chacón tomar conciencia del enorme sinsentido del órdago secesionista en su Cataluña natal, y por ello su discurso era imprescindible a la hora de poner negro sobre blanco la falacia nacionalista. Un discurso tan importante como huérfano ahora.