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¿Jesús de la historia o Cristo de la fe?

Isabel Gómez Acebo
sábado 28 de junio de 2008, 20:17h
Desde hace doscientos años cuando Reimarus puso en tela de juicio las verdades históricas de los evangelios los investigadores no han cesado de buscar las auténticas palabras de Jesús de Nazaret. Hoy, la investigación se ha movido a los EEUU donde un grupo de expertos, el Jesus Seminar, ha llegado a la conclusión de que solo el 18% de los evangelios se pueden remontar al Nazareno aunque consideran, eso sí, que es viable recuperar sus grandes actitudes y comportamientos, lo que no es poco.

Paralelamente a este interés, se ha producido un abandono por los cristianos del Cristo de la fe. Ha sido un movimiento pendular, producto de que durante muchos siglos había primado la naturaleza divina de la persona del Salvador en menoscabo de la humana. Jesús, se decía, tenía conciencia de su mesianismo, lo sabía todo y los evangelios eran una biografía auténtica de sus palabras y acciones en el mundo. La poca afición por la metafísica también contribuyó a esta dejación ya que las palabras de los concilios de Nicea y Constantinopla, que hablan de Cristo, están llenas de términos como sustancia, ser, naturaleza, hypostasis que son ajenos al hombre de nuestro siglo.

Al cristiano le interesa la persona que anduvo por Palestina con una vida similar a la suya. A la jerarquía le preocupa que Jesús se convierta en un superhombre y se abandonen sus referencias divinas pero creo que no tiene en cuenta el hecho de que podemos estar en una situación semejante a la de los primeros cristianos que tuvieron que sacar conclusiones tras convivir con un ser extraordinario. Hicieron lo que la teología clásica llama una cristología desde abajo, reflexionaron sobre su personalidad inigualable y llegaron a considerarlo superior a cualquier persona.

Es cierto que algunos no darán el paso y se quedarán sólo con el varón excepcional pero pretender empezar la reflexión por arriba no es viable en el mundo en el que vivimos que no cree más que en lo que ve y toca.

Isabel Gómez Acebo

Licenciada en Políticas y Teología

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