Un error de Jurado decantó un derbi cerrado en el inicio del segundo acto. Por M. Jones
Expulsado de la Liga de Campeones con la dureza propia de no haber podido hacer un gol en dos partidos contra la Juventus (y de no acceder a las semifinales de dicho torneo por segundo curso consecutivo), el Barcelona aterrizó en Cornellá con su once de gala y con todos los sentidos concentrados en su candidatura liguera, renovada después de la catarsis degustada en el Bernabéu hace una semana. Así, con la única baja de Iniesta, Luis Enrique recuperó el tridente y la defensa de cuatro, con Umtiti como pareja de Piqué y Andre Gomes como interior acompañante de Rakitic y Busquets. Buscaba el técnico asturiano reproducir su ancestral estilo -ese de más verticalidad y presión que posesión, previo al cambio de dibujo- ante un Espanyol que apuraba en este derbi sus opciones de llegar a la orilla de la Europa League.
Los blanquiazules, que pagan ahora su timorato inicio de temporada en su aspiración de regreso a la competición continental, evidenciaron la valentía y competitividad de un rendimiento que ya se le ha atragantado a algún que otro aristócrata en esta Liga. Y más en su estadio. Quique Sánchez Flores, que venía de dos resbalones, interpuso la estudiada red de ayudas y salida vertiginosa que les son familiares para indigestar el anochecer al gigante. Y lo lograría en un primer acto de ortodoxia defensiva alternada con gallardía posicional. Los locales presionaron con ardor para dominar el tempo en el primer cuarto de hora de discusión de la pelota. Jurado -principal arma de desequilibrio en detrimento de Piatti o Gerard Moreno- dispuso de un mano a mano ofrecido por Caicedo en una contra. El ex jugador del Atlético cruzaría demasiado su remate en el quinto minuto de juego.
El primer tiro culé sería paradigmático: llegó en el minuto 11 y fue obra de Neymar. El carioca, rodeado, chutó desde el pico del área pero su envío fue taponado y no llegó a destino. La actividad defensiva del Espanyol, ya fuera en achique o con las líneas muy adelantadas, coparon al escena porque, además, disfrutaban de la posibilidad de salir en contragolpe. Todo esto frenó el arranque blaugrana. No obstante, el líder tardó 20 minutos en asegurarse combinaciones prolongadas y posesiones estiradas. Lo harían en el ecuador del primer acto apoyados en una horizontalidad controladora que no buscaba más que contemporizar y pausar el disparatado ritmo precedente.
Con Messi presa de las emboscadas que cerraron los pasillos centrales, Neymar a penas gozó de un cara a cara en su banda durante los primeros 45 minutos. Sólo el balón parado aparentaba ser solución para el dominador del esférico -que tocaba y tocaba sin profundidad interior ni exterior- y el guerrero replegado -que ya no conseguiría estirarse con la asiduidad anterior-. Una falta muy angulada que La Pulga negó como propia para centro y ejecutó como chut, que estrenó los guantes de Diego López, y un córner que no conectó con los rematadores en el área de Stegen eran los únicos movimientos que escapaban de la soga táctica ideada por Quique y sobre la que se conduciría el envite al descanso. No en vano, Neymar clausuraría la densidad visitante -de la que Rakitic y Gomes eran patrocinadores- con un centro parabólico hacia el segundo poste que Sergi Roberto -protagonista como elemento de desborde- estrelló en el lateral de la red -minuto 39-. Y la estadística esputó lo visto y el ganador parcial (cero tiros a puerta y uno a cuatro en llegadas).
Lo escueto del bagaje productivo y la presión de tener que volver a Can Barça con los tres puntos amenazaban la paciencia de los azulgrana. Y ese factor, unido al cansancio, se conjugaría en una reanudación que alzó su telón con similar paisaje. Messi y Neymar se empeñaban en regatear a varios obreros en lugar de incorporar en la dinámica a sus compañeros, incluido un Luis Suárez muy desacertado como faro. Sin embargo, una cesión terrible de Jurado hacia su portero regaló al charrúa un mano a mano que no perdonó. El uruguayo anticipó el pase y batió por bajo a López, rompiendo una sequía de cinco partidos y abofeteando el espléndido esfuerzo colectivo del Espanyo por el único fallo cometido -minuto 51-.
Trató de responder con rapidez el bloque local, que subió sus líneas y recuperó el interés en la pelota para aproximarse al área de Stegen sin llegar a rematar. En el entretanto, Caicedo dejó su puesto a Baptistao. Pero ese movimiento conllevaba el riesgo de ofrecer espacios tras pérdida. Y Neymar no tardaría en subrayar este punto: dibujó un slalom imperial que concluyó en córner y obligó a Diego López a volar para sacar su rosca de la escuadra -minuto 60-. Este díptico de avisos matizó el asedio de un conjunto perico que no enloqueció en busca de las tablas. Lo ajustado del marcador era un parámetro favorable si se mantenía hasta el epílogo de una futurible angustia visitante. Piatti, vacío, dio paso a los pulmones y velocidad de Hernán Pérez. A falta de 20 minutos, presionaba un bloque blanquiazul que únicamente había tirado una vez a puerta en el segundo tiempo -cabezazo centrado de Moreno al lanzamiento de una falta lateral-. Las imprecisiones eran una frontera notable aunque un zurdazo de Jurado forzó al meta alemán -minuto 70-. La defensa seguía amarrando a los visitantes (Messi sólo brilló en una falta frontal que atajó López), pero ya no bastaba.
El desenlace sobrevino con la receta de Quique bregando para evitar que el Barcelona cerrara el partido defendiendo con la posesión. Y, cuando los culés aparentaban haberse olvidado de las porterías, Messi tomó el cuero en la medular y liberado. Cambió el ritmo escapando de Fuego (Víctor Sánchez era la lanzadera de la presión), aglutinó a los zagueros y cedió para que Rakitic sentenciara, desde dentro del área y con un golpeo fino y cruzado -minuto 77-. Entonces, Mascherano y Marc Roca saltaron a la cancha (por un Andre Gomes transparente y Javi Fuego) y el Espanyol bajó los brazos ante el monopolio de la pelota de sus vecinos. Sergi Roberto, Neymar -líder ofensivo de su vestuario antes de la sentencia-, Piqué y Messi probarían suerte, certificando la comodidad postrera (3 a 9 en tiros a puerta y 6 a 15 en llegadas) de un Barcelona que se iría con más botín tras el fallo garrafal de Aaron en el despeje que aumentó la cifra goleadora de Luis Suárez -minuto 87-. Tragó el Barça la defensa de su liderato erosionando la cosecha de su oponente (que no su dignidad). Los fallos ajenos despejaron un sábado nuboso para el exigido puntero.
Ficha técnica:
0. RCD Espanyol: Diego López; Javi López, David López, Diego Reyes, Aarón; Jurado, Fuego (Marc Roca, min.79), Víctor Sánchez, Piatti (Hernán Pérez, min.66); Gerard Moreno y Caicedo (Baptistao, min.61).
3. FC Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Rakitic, Busquets, André Gomes (Mascherano, min.78); Messi, Neymar y Luis Suárez.
Goles: 0-1, min.51: Luis Suárez. 0-2, min.77: Rakitic. 0-3, min.87: Luis Suárez.
Árbitro: Undiano Mallenco (del comité navarro). Amonestó a Gerard Moreno (min.14), Aarón (min.58) y Fuego (min.68).
Incidencias: partido correspondiente a la trigésimo quinta jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio de Cornellà-El Prat ante 31.708 espectadores.