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No es fácil, presidente Trump

domingo 30 de abril de 2017, 11:50h

Al cumplirse cien días de su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump ha concedido una entrevista en la que explica cómo se siente y, sobre todo, cómo ha cambiado su vida desde que se convirtió en su inquilino. No son pocas las curiosidades -significativas sobre su personalidad-, que señala en ella, como que una de las cosas que más echa de menos es no poder conducir, algo que dice encantarle, y que se siente como en una burbuja con una enorme protección que le impide moverse a su antojo. Pero, sin duda, lo más revelador de esa entrevista es su confesión de que pensaba que ser presidente “era más fácil”. Tal idea de esa facilidad en un cargo semejante denota, entre otras cosas, un escasísimo, por no decir nulo, sentido de la realidad. De la realidad más allá de la Torre Trump y del universo de su entramado empresarial, donde el mandatario norteamericano es dueño y señor.

Parece que Trump ha confundido el país con su empresa en sus actuaciones. Durante su campaña electoral lanzó una serie de proclamas y proyectos bastante delirantes que consiguieron enganchar a buena parte del electorado, pues el populismo -y se está viendo no solo en Estados Unidos- logra atraer por sus mensajes contundentes y simplificadores. Pero resulta que hoy, quizá más que nunca, vivimos en un mundo muy complejo. Cuando Trump se sentó en el Despacho Oval se topó de cruces con la realidad y con las instituciones norteamericanas, con el equilibrio de poderes de su sólida y fuerte democracia. Esas instituciones le echaron para atrás, entre otras, medidas más que polémicas como las de su política migratoria y la construcción de ese muro con México, además de no pasar por alto la presunta trama rusa, en la que podría estar implicado hasta su yerno que deberá comparecer en el Senado.

Esa misma realidad ha hecho que Trump haya logrado el “honor” de tener el más bajo índice de aceptación ciudadana de su gestión en la frontera de estos primeros cien días. Trump es un hombre pegado a Twitter. Su cuenta en esta red social es su medio preferido de comunicación, y lo utiliza para poner en circulación todo tipo de mensajes, sin ser consciente de que no es un adolescente con querencia tuitera, sino el presidente del país más poderoso del planeta y que todo lo que diga se mira con lupa y tiene consecuencias. En estos cien días, ¿se habrá dado ya cabal cuenta Trump de que no es fácil ser presidente, de que no puede gobernarse a golpe de tuit? No hace prever nada halagüeño su discurso en Pensilvania con motivo de los cien días. En este baño de masas, Trump comenzó con una filípica contra los medios de comunicación y la prensa independientes -una de sus bestias negras-, para seguir con un discurso de complaciente autobombo.

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