Si ninguna empresa provee de urnas a la Generalitat, Puigdemont usará cajas de cartón para mudanzas en su pantomima de referéndum. En Europa las mudanzas de ciudadanos han sido frecuentes desde que el principio de las nacionalidades mutilara el espíritu de nuestro continente. Principio alumbrado por el presidente norteamericano Woodrow Wilson, el de los Catorces Puntos, quien explicó doctoralmente cómo Europa debía organizarse sobre el principio de las nacionalidades. Sus palabras descendieron de la cátedra a los Tratados de 1919 y de éstos a la realidad. Se cortó y recortó el mapa continental con afán de conseguir que las fronteras limitasen pueblos libres “de disponer de sí mismos”. Veinte años después todo ello desembocó en pugnas territoriales y finalmente en la II Guerra Mundial, dando la razón a Robert Lansing, secretario de Asuntos Exteriores de Wilson, quien al comentar la terca insistencia de su jefe en organizar Europa sobre el principio de las nacionalidades, exclamó: Eso es dinamita.
Los independentistas catalanes se obcecan en jugar con fuego que, de vez en vez, acercan a la dinamita para luego, asustados, salir corriendo y rogar que alguien les saque las castañas de las llamas. Deliran por una Cataluña que logre algún día convertirse en nación. Llevan veinte siglos sin serlo y la cosa tiene que estar al caer, según ellos. Bravuconamente amenazan con alterar fronteras y provocar mudanzas, presumiendo de causar pánico al Estado. La diferencia entre Helmut Kohl, campeón de uniones europeas y reunificaciones alemanas, y Mas o Puigdemont, salteadores de caminos constitucionales y líderes en supercherías, es la misma que hay entre un estadista y un saltimbanqui. De vaivenes de fronteras entre pueblos europeos es perita Alemania. Europa sin Alemania no es Europa. Alemania sin Berlín no es Alemania. España sin Cataluña no es España. Cataluña sin el Valle de Arán no es Cataluña. Si los araneses pretendieran separarse del resto de catalanes su pretensión afectaría e incumbiría a todos los catalanes porque son españoles. La soberanía nacional reside en el pueblo español. El orden constitucional no puede ser derrotado por acciones fuera de la ley. Eso es un golpe de Estado. En Ferraz parecen no saber lo que es una nación y un golpe de Estado. O sí. Los socialistas ya lo dieron en 1934 permitiendo el disparate del Estat Catalá. ¡Sin memoria histórica no seimos naide!
Si en Europa volvemos a las barreras aduaneras obstaculizando la circulación de personas, capitales y mercancías regresa la parálisis. Ninguna frontera ha limitado jamás el vuelo del pensamiento. Cuando en la encrucijada actual se repliegan los pueblos hoscamente tras de las fronteras empeñándose en descubrir al enemigo en el colindante, debe recuperarse el alma europea, corazón y cerebro de la Historia, para exaltar su valor universal como cuna de la civilización occidental, que enlaza al griego, al judío, al romano, al bárbaro y al cristiano bajo el signo de la cruz, el libro y el arado (Benedicto XVI, dixit).