El jugador suizo busca redondear su excleso 2017 con el triunfo en Inglaterra.
Roger Federer ha vuelto a pastorear el All England Club. Wimbledon vuelve a estar a sus pies, atento y ansioso ante la final del domingo que medirá al veterano jugador legendario contra el croata Maria Cilic. En dos horas y 18 minutos derrumbó el de Basilea a otro resabiado tenista, Tomas Berdych (7-6, 7-6 y 6-4). La semifinal de este viernes ha confirmado que la resurrección del helvético está tocando techo en la hierba británica.
El billete para la undécima final en este Grand Slam, y paso previo a su octavo entorchado y decimonoveno grande de su currículo, fue certificado, de nuevo sin ceder un set. El rendimiento de Federer está resultando, sencillamente, impecable. Sin posibilidad de rebate. Ahora, tiene por delante la posibilidad de unirse al histórico club de nombres -Donald Budge (1938), Tony Trabert (1955), Chuck McKinley (1963) y Bjorn Borg (1976)- que se ha llevado el trofeo sin haber concedido una sola manga. Ya pudo conseguirlo en 2006 y 2008, pero Rafa Nadal evitaría su ingreso en dicha lista.
La calidad en la ejecución del suizo ha tomado especial importancia en los instantes de mayor tensión. Así, Roger encarriló su partido ante Berdych sacando su mejor versión en los tie-break. Este viernes ganó dos desempates para redondear el pleno en lso cinco disputados en estas semanas (triunfó ante Dusan Laiovic, Mischa Zverev y Milos Raonic). Y, además su juego corto resultó, por enésima oportunidad, inabordable para su rival.
Con Stefan Edberg, Rod Laver y Ken Rosewall en los palcos, el helvético asestó 13 aces por nueve de su contrincante y colocó 51 ganadores (por 31 del hecho). Además, limitó a 20 sus errores no forzados dentro de su estilo agresivo. La exhibición continuada sobre el verde inglés podría culminar, si gana la final, en el número tres del ranking de la ATP, tras la victoria en el Abierto de Australia.
Habrá de luchar para ello contra Marin Cilic, el séptimo favorito, que ganó a Sam Querrey (6-7, 6-4, 7-6 y 7-5) en una batalla de casi tres horas que convirtió al balcánico en el primer croata que arriba a este peldaño desde que lo hiciera Goran Ivanisevic en 2001. La estadística muestra que en sus enfrentamientos directos contra Federer (ocho) cedió en las primeras cinco ocasiones pero en 2014 eliminó al de Basilea en las semis del US Open que terminaría ganando.
Cilic, no obstante, guarda fresco el recuerdo del pasado Wimbledon. El combate entre ambos transcurrió en los cuartos de final y Marin dispuso de tres bolas de partido para liquidar a un Fderer que terminaría venciendo (6-7, 4-6, 6-3, 7-6 y 6-3). Hoy derribó a Querrey con una gran derecha postrera para acceder a su primera final en el grande británico (en su undécima participación) tras superar una guerra de saques.
El croata se mostró más atinado en la defensa del servicio y esa será su principal herramienta para desconectar la excelencia de Federer. Consiguió domesticar al cañonero estadounidense mientras que una aficionada hubo de ser atendida por un desmayo. En medio de ese trance Querrey ganó el, primer set y obligó al balcánico a dibujar una remontada colosal que autografió con 25 aces y un 88% de puntos ganados con su primer saque.
Setenta golpes ganadores y sólo 21 errores no forzados es su tarjeta de cara a la final. "Ha sido increíble y hoy ha sido una dura batalla, de gran nivel, especialmente en el primer set. Tuve oportunidades para ganarlo porque estuve 4-0 arriba en el desempate. El nivel fue muy alto", confesó.