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FINAL

Wimbledon. Eterno Federer: desborda a Cilic para su octavo título | 6-3/6-1/6-4

Wimbledon. Eterno Federer: desborda a Cilic para su octavo título | 6-3/6-1/6-4

domingo 16 de julio de 2017, 16:51h
Actualizado el: 16 de julio de 2017, 17:02h
Ha sellado un torneo para el recuerdo sin ceder un set. Por M. Jones

"Llegar a diez finales aquí no me garantiza el título. Es genial tener ese récord, pero eso no me garantiza el título. Por eso estoy aquí, estoy muy cerca y lo que tengo que hacer es seguir centrado", proclamó Roger Federer en la previa de la final de Wimbledon 2017. Y, en efecto, esa carerra inigualable en cuanto a gestas y palmarés no proporciona ventajas si el presente es esquivo, pero es que la actualidad del suizo pone en cuestión si este año es la mejor versión el jugador de tenis más elegante de la historia.

Tras tragar una crisis de rendimiento soberana en el último par de cursos, virar su equipo de trabajo y superar algunas lesiones, el de Basilea leyó la potencialidad reducida de su físico y eliminó la tierra batida de su calendario para centrarse en las superficies que les son favorables a sus características. Así, después de arrasar a Rafael Nadal en la final del Abierto de Australia y encadenar Indian Wells y Miami, el helvético suprimió la temporada de arcilla, Roland Garros incluido, para centrarse en el torneo del All England Club. Su "objetivo principal del año" confeso.

Un susto ante Tommy Haas en su estreno en hierba le puso en preaviso. Llevaba meses sin competir y le pilló ciertamente fuera de eje. Pero afinó su forma con el título de Halle y sintonizó su concentración para que su lectura del juego, del rival y de los tempos le condujeran a un pico de rendimiento excelso en el Grand Slam londinense. De esta manera, llegaría a la cita por el trofeo sin ceder un set. y, para más inri, acometería con éxito la batalla por su octavo Wimbledon con el enésimo clinic en esta semanas de julio. En una hora ya iba con dos mangas a favor y ninguna en contra.

"Todo el mundo se está volviendo más alto. Me pregunto como se va a jugar dentro de 50 años. Se va a tener que subir la red y ampliar la pista", comentó, irónico, en la previa de su partido ante Cilic. No en vano, el croata era el tercer 'gigante' que debía derrocar de manera consecutiva, tras eliminar al cañonero Milos Raonic en cuartos y a Tomas Berdych en semis. Este domingo debía, de nuevo, neutralizar la potencia de los latigazos en el saque y en juego de un espigado oponente y llevar a su cauce el intercambio. Pero su sabiduría y técnica amortiguaron el arsenal del croata hasta el munto de acomplejar al balcánico y generarle una impotencia que somatizaría en molestias.

El duelo arrancó igualado, con el aspirante pudiendo aguantar al favorito hasta que llegó la primera ruptura. Sumaría dos breaks el suizo al término de ese periodo. Su aplomo contrastaba con la hiperbólica intensidad de un Cilic que, poco a poco, iba perdiendo confianza y convicción ante la sensacional maniobra al resto del veterano de 35 años. La estadística retrató lo ocurrido: Federer ganó sólo un punto menos al resto que el croata con su primer saque. Además, un 100% de acierto en las subida a la red y la distancia en el tino (ganadores/errores no forzados) remataron la debacle anímica que clausuraría el 6-3 de comienzo (sin un ace del croata) y convertiría el resto del duelo en un paseo.

El helvético mezclaba su juego, el ritmo de los puntos y la variedad de ataque y defensa. Su jerarquía y técnica rebosarían cada intento del empequeñecido coloso. Marin estaba desorientado: no sabía cómo romper la dinámica y herir a un rival que parecía levitar, con golpes certeros y defensas pegajosas a pesar de la economía del esfuerzo que guarda Roger como mantra ancestral. El 6-1 de la segunda manga, condicionado por molestias anatómicas del balcánico, retrató el punto de inflexión del combate. Federer firmaría más saques directos (3-2), eficacia con el primer y segundo servicios, puntos al resto y golpes ganadores. El compás era suyo. Otro par de breaks en favor del campeón y sólo 12 puntos ganados por Marin zanjaron el escenario que daba paso al epílogo.

Pocas opciones tuvo Cilic de abrir la cancha con ángulos y de subir a la red con garantías. Sólo en el tercer set lo conseguiría. Aunque a trompicones. Sin presión, se terminaría soltando para equilibrar las fuerzas, al fin. De hecho, hasta entonces no había demostrado su tarjeta de presentación: es el mejor jugador sobre hierba del año (12 victorias y sólo dos derrotas). En su mochila, además, yacían 130 servicios directos en el presente Wimbledon (por 64 de Federer).

Su orgullo le proporcionó la recuperación de la competitividad olvidada con anterioridad y supo defender su saque al tiempo que Roger aparentaba tomarse un respiro. Pero, al saque no había desconexión que valga: el suizo puso el 3-3 con un juego en blanco. Afiló su primer saque el heredero de Ivanisevic (último compatriota finalista y ganador en la pista central del grande británico, en 2001), pero los nervios todavía le jugarían una mala pasada postrera. En el séptimo juego del set definitivo le ofreció dos bolas de break y el genio no lo desaprovecharía.

Con 4-3 y saque descorcharía Roger la recta final de su paseo triunfal. La amenaza de la lluvia aceleraría el proceso, ya que el de Basilea no pretendía que la tormenta le diera respiro a su contrincante y abriera la ventana a un renacer de un Cilic sobre la lona desde el prisma mental. Así, la leyenda disparó su agresividad, multiplicando ganadores y subidas a la red inteligentes. Y autografiaría su octavo trofeo inglés, su 19º Grand Slam -nuevo récord en ambas categorías-, como jugó durante su participación en este campeonato: sin denotar desgaste ni esfuerzo. La superioridad, casi insultante, volvió a reproducirse en el día indicado para elevar aún más la leyenda de su portador.

Jugó contra un sacador y concluyó con más aces (8-5) y mejor efectividad en primeros y segundos saques. Su 3-0 final le coloca en el selecto club de los ganadores de de Wimbledon sin ceder un set compuesto por Donald Budge (1938), Tony Trabert (1955), Chuck McKinley (1963) y Bjorn Borg (1976). Este resultado, por añadidura, le devuelve al tercer puesto del ranking de la ATP y apuntando a la cima, pues en el calendario queda el US Open, también favorable a sus prestaciones de puntos cortos y golpes punzantes. En definitiva, como dijo una de sus víctimas (Berdych), "no veo que Federer envejezca".

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