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TRIBUNA

Penalti y expulsión

Juan José Vijuesca
miércoles 02 de agosto de 2017, 20:26h
Actualizado el: 08/02/2017 20:47h

En este país, en donde casi todo se ha convertido en presunto, hasta el mandamás del fútbol español guarda para sí estancia entre rejas. Esto no es que sea una posible jugada dudosa de esas que tanto satisfacen a tertulianos del balompié, nada de eso, en esta ocasión ha sido penalti y expulsión por orden de un juez de los que llevan toga y no silbato.

Lo del fútbol no deja de ser curioso como simple tratado de afición deportiva. Hombres en pantalón corto dándole patadas a un balón hasta saciar los adentros de cada contendiente. Al final todo se resume en una cosa llamada gol y poco más. Pero esto, como digo, es mero razonamiento de aficionado que contempla el fútbol como un recreo de pasiones controladas. Otra cosa es la cara B, o sea, el otro fútbol, el de los grandes y opulentos despachos. Nada que ver. Aquí lo de juego limpio parece estar reservado al clientelismo con sus preceptivas cadenas de favores.

En esto del futbol, las finanzas al por mayor se han adueñado de la virtud de un deporte llamado rey que sin embargo, en sus altas esferas, parece norma de conducta el ningunear con la prevaricación y el menudeo de un negocio que mueve miles de millones en todo el mundo. La empatía hacia este o aquél equipo de fútbol no debe verse empañada con una más que dudosa gestión a nivel de la Real Federación Española: ahora bien, lo que subyace, siempre desde la presunción de inocencia, es que al albur del poder omnívoro que otorga una poltrona con fusta de voto y mando mundial, es la sospecha de otros posibles implicados por aquello de la dificultad en separar el grano de la paja. Es obvio que las finanzas y la política forman parte consustancial de la otra táctica de jugar al fútbol.

En la Real Federación Española de Futbol hay bastiones allegados a los clubes, o sea, presidentes o ex dirigentes de este o aquél equipo demostrando con ello tener un poder de ubicuidad presuntamente nada huérfana de pingües beneficios. Ya saben, ni por amor al arte ni al deporte. Blanco y en botella. Los habrá honrados y al servicio de lo que esta institución viene a representar dentro y fuera de nuestras fronteras, pero la carne resulta trémula cuando un mismo trono tiene el basamento de la perpetuidad. Al final la cosa crea vicio y afloran palmeros.

El señor Tebas, actual presidente de la Liga de Fútbol Profesional, con toda razón se aferra a la apocalipsis al decir que en el edificio de la actual federación española de fútbol no debe quedar piedra sobre piedra; o sea, la obra cumbre de la cultura deportiva futbolística en este país convertida en una especie de muro de las lamentaciones como símbolo de un villarato, cuyo máximo exponente, Don Ángel María Villar, ahora mismo es víctima de una profecía bíblica una vez recluido en ese lugar de peregrinación, mayormente conocido por Soto del Real. Tan solo las fianzas ejercerán de cuarto árbitro y abrirán la cancela que guarda la presunción. Luego un juez supremo, con su ojo de halcón, será quien aclare la dudosa jugada.

La soberbia mole de nuestras ilusiones casi siempre descansa en identidades que generan falta de escrúpulos, o sea, casualidad o causalidad que para el efecto es más de lo mismo. Ya saben, persona con poder de manejo extiende sus tentáculos arbitrando influyentes maneras de conseguir que una gallina común se convierta en la famosa ponedora de los huevos de oro. Fórmula mágica que la federación ha encontrado gracias a los triunfos que la selección de fútbol ha cosechado en los terrenos de juego de manera brillante durante los últimos tiempos.

Por suerte, el fútbol sobre el césped es otra cosa. Competición deportiva de hombres corriendo como posesos tras un balón para darle patadas con mayor o menor arte. Por eso siempre nos quedarán los Cristianos y los Messi para darnos entretenida con sus goles y piruetas, aunque haya tardes que ni eso, pero como dice mi querido hermano Luis Miguel, asiduo al club de Concha Espina: “Lo mejor del partido de hoy, ha sido el bocadillo”. Sabido es que los duelos con pan son menos. A fin de cuentas, y a decir de Arrigo Sacchi, “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”.

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