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TRIBUNA

España y sus separatistas

lunes 14 de agosto de 2017, 19:55h

El otro día me encontré a un alumno y me recordó, entre irónico y displicente, la pregunta que le hice el primer día de clase, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada. Corría el año 1991 o 1992, y yo, que ejercía como profesor de Teoría del Estado y Filosofía Política, llegué el primer día de clase con ganas de soliviantar a mis pacíficos estudiantes. Me presenté y le pregunté de repente a uno de los que estaban en las primeras filas con cara de espabilado: por favor, señor, responda con brevedad a la siguiente cuestión: “¿Qué es España?” El silencio fue, según me cuenta, sepulcral.

La rabia que sintió ante aquella pregunta aún le dura. Creo que me lo cuenta, después de pasados tantos años, para que le conceda la revancha. Parece que se quedó bloqueado y entró en un prologando mutismo. “¿Qué es España?”, reiteré, “para usted”. Y, de nuevo, su silencio fue la respuesta. Le di las gracias, según me recuerda, y le aconsejé que repasara algún mapa de Europa y África para recordar, al menos, la situación de España en el mundo a finales del siglo veinte; le hubiera bastado repasar mentalmente los “límites” geográficos de la España peninsular e insular para haber contestado: España limita al Norte con el mar Cantábrico, etcétera… Parece ser que reiteré la pregunta a otro de sus compañeros y volvió a suceder algo similar al muchacho de entonces, estudiante de Ciencias Políticas, y que hoy es periodista de El Mundo.

Aquella pregunta que tantas veces se formularon los de la Generación del 98, primero, y los de las Generaciones siguientes, por ejemplo, la del 14 y el 36, e incluso las generaciones de finales del franquismo, era una antigualla apenas pasado quince años de la aprobación de la Constitución. Nadie sabía responder en una Facultad deCiencias Políticas a la sencilla pregunta: ¿qué es España? Todo era silencio. Y, por supuesto, todos me miraban con ánimo de internarme en un manicomio. Quizá no estaban descaminados: era la pregunta de un cuerdo en un mundo de locos separatistas, localistas y particularistas. ¡Lo peor de la Transición comenzaba sus primeros años triunfales! Pero, aunque sea una locura, yo persistía y persisto en la cuestión. Aún sigo pensando que es el tema fundamental de nuestro país y de nuestra filosofía. Precisamente, por eso, porque creo que es preciso saber que es España como Nación, le concedo la revancha al periodista de El Mundo.

“Discutamos, querido amigo, dime, por favor, desde tu atalaya periodística: ¿qué es España?” Se ríe, casi perdonándome la vida, y elude con viejas tretas académicas la respuesta. Ahora nuestro periódico, me dice con suficiencia fingida, “está publicando unos reportajes sobre las diferentes comunidades autónomas. Eso es España”. ¡Quién sabe! Quizá mi viejo alumno, hoy talludo periodista, tenga razón, pero sospecho que está tan perdido como los políticos que pretenden sustituir a Rajoy en el Gobierno con España: unos, los más moderados, escurren en el bulto definiendo España antes por Europa que por su historia y su proyecto; otros, se entregan a los separatistas, y dan el salto de la “nación de nacionalidades y regiones” a la nación de naciones. Así las cosas, me sentí tentado a citar la idea de “España como una unidad de destino en lo universal” (principio I de los Principios del Movimiento Nacional), y que “los intereses individuales y colectivos han de estar subordinados al bien común de la nación, constituida por las generaciones pasadas, presentes y futura”, pero preferí callar porque para nuevas generaciones la idea de destino no la entienden ni
aplicada a la Unión Europea que está fundada, según la Declaración sobre la Unión Europea, realizada Stuttgart en 1983, “en la conciencia de una comunidad de destino”. Es la misma idea de “destino manifiesto” que impulsó a los EEUU de Norteamérica su expansión hasta las Costas del Pacífico…

En fin, si la pregunta qué es España es imposible responderla sin la historia de su destrucción, es decir, sin dramatismo, entonces nada mejor que aquella imagen cinematográfica que de ella dio nuestro mejor filósofo en el años 1921: “Yo imagino que el cinematógrafo pudiera aplicarse a la historia, y condensados en breves minutos, corriesen ante nosotros los cuatro últimos siglos de vida española. Apretados unos contra otros los hechos innumerables, fundidos en una cura sin poros ni discontinuidades, la historia de España adquiriría la claridad expresiva de un gesto, y los sucesos contemporáneos en que concluye el vasto ademán se explicarían por sí mismos como unas mejillas que la angustia contrae o una mano que desciende rendida.

Entonces, veríamos que, de 1580 hasta el día, cuanto en España acontece es decadencia y desintegración.”

¿Cómo dejar de preguntarse , con más dramatismo que en los años veinte, por qué hay separatismo, por qué hay españoles hoy que no se sienten tales? Sí, porque yo digo España, porque aún pregunto qué es España, me queda la esperanza de ver un rostro distendido por la alegría y una mano erguida que nos alienta para recuperar una voluntad colectiva, una nación democrática, a partir de la identidad española.

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