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TRIBUNA

Los tacones de Melania

Natalia K. Denisova
sábado 02 de septiembre de 2017, 20:09h

Los tontitos se fijan en los tacones de Melania para no hablar de lo fundamental. Leo los periódicos y recuerdo a Descartes. Maravillosa era la ironía del viejo filósofo para mirar su mundo… Pasados varios siglos, todavía es fácil imaginar la socarrona sonrisa con la que escribió: “El sentido común es la cosa mejor repartida por el mundo”. Un breve recorrido por la prensa de esta semana nos lleva a pensar que tenemos de todo, menos el sentido común. ¿Quién esperaba que el huracán tejano provocaría todo un debate en torno a los zapatos de la primera dama Melania? Y esto en una sociedad que supuestamente no es machista ni sexista ni misógina. ¡Qué grito al cielo que levantaron los medios de in-comunicación por los altos tacones de Melania Trump! Los altos pero sobrios stillettos de Melania lograron eclipsar la donación de un millón de dólares que hará su cónyuge, el presidente Trump, a las víctimas del huracán.

Por otro lado, no debe de sorprendernos que la donación de Trump quedase en sombra mediática, cuando la Venezuela de Nicolás Maduro prometió ayudar con 5 millones de dólares a los estadounidenses. No hay parangón entre el sufrimiento de las pobres gentes de los EEUU, acostumbrados al confort y alto nivel de vida, con el sufrimiento de los venezolanos, gente sufrida y acostumbrada a las penurias. Ellos, sí, pueden sobrevivir sin productos de primera necesidad ni medicinas. ¡Lo primero es ayudar al vecino del norte! Sin duda, Venezuela, como otros países de Hispanoamérica sería un gran país si tuviera unos gobernantes con dos dedos de frente.

No se sabe si fue por el misil de Corea del Norte, por los tacones de Melania o por el “influjo de las estrellas”, pero el pobre Papa Francisco definitivamente perdió el norte. Es de alegrarse que el Pontífice no se ha quedado sólo y fue acompañado en su buena intención por Bartolomé I, el patriarca ecuménico de los cristianos ortodoxos. Francisco del Vaticano y Bartolomé de Constantinopla llamaron su iniciativa “el grito de la Tierra” y suplicaron a los mandatarios mundiales que “escuchen el grito de los pobres, los que más sufren los desequilibrios ecológicos”. Este gesto sería una magnífica y esplendorosa muestra del amor por el prójimo por parte de ambos religiosos, si hubiera sido proclamado en alguna otra época. ¿“El grito de la tierra” cuando el bendecido por el Pontífice Maduro lleva a acabo la destrucción de Venezuela? ¿“El grito de la tierra” cuando Erdogán está haciendo de Turquía una dictadura islamista? ¿Esta actitud y lema son verdaderamente suficientes y no oscurecen “la vocación como cooperantes de Dios”?

¡Ay, ay, vivimos en un mundo sin sentido común! La prueba está en que se habla de los tacones de Melania y se oculta lo fundamental. Por cierto, la primera dama de EEUU es inteligente y sabe muy bien por dónde pisa, incluso con esos taconazos.

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