Cornadas al “share”
domingo 06 de julio de 2008, 19:57h
Tres semanas se han cumplido de la “batalla” de Las Ventas librada por José Tomás en triunfo y laureado con triple medalla de “pelo y sangre”. Honores de héroe con plus de mutilado de guerra.
Ríos de tinta, cataratas de voces y, sobre todo, un manantial de fogonazos y pantallazos: en analógico y digital, en 625 líneas y en HDD; informativos, magazines y especiales de cuño propio. Caldo de cultivo para germinar fértil el respeto por todo “el toreo” desde el prisma mediático para que floreciera la información, la difusión de su día a día; en la pobreza y en la abundancia (figuras, meritorios, principiantes y operarios), en la salud y en la enfermedad (puertas grandes y de enfermería). Coyuntural ocasión para otorgar razón a la “tomatosis” sobre el efecto benemérito que propalan, para toda la tauromaquia, y que sostienen en su tesis de la “inmolación” en nombre de La Fiesta.
Días antes, San Isidro, habían caído en el “frente” de cada tarde, a las cinco en punto –hora solar, hora lorquiana-, un veterano oficial de la guerra del “14” (Frascuelo) y un honrado soldado de infantería (El Ruso); ambos con cornadas de mayor gravedad y consecuencias que las sufridas (por fortuna) por el torero de Galapagar en la “madre de todas las batallas” taurinas del pasado 15-J. El tratamiento informativo, puntual, fue nada; su seguimiento el doble: nada de nada.
Si bien el referente más cercano del repugnante criterio de la cuota de pantalla para clasificar toreros heridos quedaba algo lejano, verano de 2007 (José Tomás –Málaga- y Cayetano –El Puerto-), se esperaba –servidor, no- que la sangre derramada de un torero referencia, taurina y mediática, sirviera de transfusión vigorosa en la consideración y dignidad de las esparcidas por las femorales y safenas de cualquier otro (oro, plata o azabache; “chispeantes” de estreno, ocasión o alquiler) en alberos de sofisticado drenaje o cosos de piso en barbecho.
Los “egm” discriminan, trufados de asqueroso desprecio, “la roja”, válida sólo para la selección, y por su condición de eurocampeón, y focalizan, por republicanos que sean, en muy pocas de “azul”. Su código ¿ético? es el “share”.
Ni siquiera las fracturas óseas de dos “monstruos” a caballo como Hermoso de Mendoza y Ventura han merecido una línea convencional o un breve; menos un “total”. Más: el gesto, no menos heroico que cualquiera otro, de la tarde triunfal de Perera (sustituyendo a José Tomás) en Alicante a costa de su escroto, yendo a Badajoz y volviendo a la “millor terreta” en cuarenta y ocho horas. Y Castella en Algeciras, cuatro orejas y los muslos abiertos. Ambos tampoco han tenido incidencia informativa.
Pero de mayor calado, master en insensibilidad, es el ninguneo en el caso de un modesto y honesto banderillero, Adrián Gómez, que harto de sortear “miuras” a las órdenes de El Fundi fue a echar una peonada, ganarse una soldada para llevar a su familia, en la cuadrilla de un principiante y quedar, de por vida –como poco-, en una silla de ruedas como consecuencia de lesiones medulares en una novillada de portátil (Torrejón de Ardoz-Madrid-).
Ocurrió un domingo después del 15-J, donde la épica desbordó la lírica y muchos espontáneos desembarcaron en patera saturando los más diversos medios de comunicación.
Y no ha habido “efecto”, ni por “simpatía” ni empático; artillería mediática obsoleta de la más baja pasión, ¡eso sí!, obedeciendo al previsible “share”. Tan sólo un magnífico artículo de Antonio Burgos y la solidaridad, en la ayuda –total-, de sus compañeros de la Unión de Banderilleros cuyo anuncio (SOS) no ha traspasado los límites de los medios y secciones especializados.
Ahora parecía que sí, pero sigue siendo que no. ¡Que vamos a esperar! de editores y magnates sin escrúpulos en poner una vela a Dios y otra al diablo: catalanistas de día y rancios españolistas de noche; “adalides” del socialismo y extorsionistas ambiciosos del más duro monopolio mediante atajos espurios; católicos de comunión diaria en misa matinal y, hasta no hace mucho, enseñando su culo en el de Boris Izaguirre madrugada sí y otra también; y los de titularidad pública entre el “corralito”, el “pesebre” y lo “políticamente correcto”.
Mientras “el sector” permanece inmóvil. Sólo les preocupa la televisión en función del dinero que pague por la retransmisión de los festejos. Por cierto casi siempre a los mismos.
Nadie da puntada sin hilo. La sangre de los toreros es generosa y todos tragan.
Únicamente se afanan en el escaparate; dos, a lo sumo tres, horas de espectáculo. No conocen de trastienda ni ambigú. El resto de las horas y días cierran, no por vacaciones, sí por incompetencia. “Cartel en la esquina, olla en la cocina”. No hay otra máxima.
Patético, despreciable. Todo y todos.
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Crítico taurino y Periodista
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