Terror islámico en Asia
lunes 07 de julio de 2008, 22:29h
Da la impresión de que el curso político mundial está marcado por las vacaciones estivales europeas, y por la campaña electoral norteamericana. Además, los próximos Juegos Olímpicos de Pekín comenzarán a acaparar titulares en breve. Resulta un tanto cansino seguir a vueltas con la crisis del petróleo a nivel mundial, por mucho que aparcar momentáneamente la atención informativa no sirva para remediarla. Por eso, hechos como los atentados de Pakistán y Afganistán han pasado un tanto desapercibidos, cuando no debiera ser así. Ni por sus motivaciones, ni -menos aún- por sus consecuencias: 40 muertos en Kabul y 18 en Islamabad son una cifra tan inaceptable como alarmante.
El caso de Afganistán se asemeja cada vez más a un conflicto enquistado de difícil solución. Los talibanes ya han amenazado con que seguirán redoblando sus ataques suicidas en tanto en cuanto no se les permita volver a hacerse con el poder. El gobierno de Karzai no parece capaz de valerse por sí solo, y es palpable su debilidad sin ayuda internacional que le respalde. Hay quien tiene dudas de la competencia de Karzai para llevar los designios de un país en permanente convulsión, pero ocurre que, tras él, no hay nadie más. Salvo los talibanes, claro. No andan mejor las cosas en el vecino Pakistán y, conviene recordarlo, Pakistán es un país de otra naturaleza e importancia: por su situación estratégica, peso demográfico y económico, capacitación social, técnica y militar. El aniversario de la toma de la Mezquita Roja en Islamabad ha dejado un saldo de 18 muertos en el ataque suicida contra una comisaría. ¿Qué tienen que ver ambos sucesos? Pues que detrás de ellos se halla una motivación islámica radical, la que sólo entiende el lenguaje de las bombas. Es intolerable que en pleno siglo XXI se mate a seres humanos con la excusa de un determinado credo religioso. Ulemas, mulláhs y simples devotos musulmanes deberían empezar a considerar que su fe no puede seguir amparando o justificando con subterfugios conductas que atentan contra las más elementales normas de convivencia. Los peores enemigos del Islam están en su seno, y son ellos quienes lo desvirtúan.