La FIA plantea a los constructores una simplificación y reducción de los costes del modelo.
La Fórmula Uno necesita reenganchar a la audiencia que ha ido descendiendo en los útimos años. La falta de competitividad y la queja de los pilotos por un decenso en la diversión en la conducción ha aquejado a la competición automovilística mas cara del planeta, planteando a algunos patrocinadores apostar por otras disciplinas menos costosas y de explotación más beneficiosa. Por todo ello, la FIA ha ideado una transformación mecánica y de modelo de negocio que será implementada a partir de 2021.
La era de los monopolios de Red Bull y de Mercedes parece haber concluido tras la temporada que acaba de entronar a su campeón. El renacimiento de Ferrari y de la escudería austríaca ha recortado terreno con respecto al equipo de Lewis Hamilton y en 2017 ya se ha recuperado parte del interés perdido, pero los gestores del transatlántico del motor consideran que es necesario dar un giro más a la tuerca para relanzar la obra que Ecclestone dejó ya decrépita.
Por todo ello, la Federación Internacional del Automóvil ha anunciado ese martes en París que ha planteado a los fabricantes un cambio en las unidades de potencia del Mundial. El dueño de los derechos comerciales de la Fórmula Uno plantea subir en 3.000 revoluciones por minuto con el fin de incrementar el sonido y la espectacularidad de los eventos. Pero ese no es el cambio principal que yace sobre la mesa de negociación.
Se mantendrá el actual propulsor turbo híbrido 1.6 V6, pero se eliminará el sistema de recuperación de energía el MGU-H, el que convierte la energía térmica de los gases de escape en energía eléctrica. Además, la FIA tiene en mente el aumento de potencia del MGU-K, el sistema que aprovecha la energía cinética de las frenadas. Esta herramienta podrá ser controlada directamente por los pilotos durante la carrera.
Asimismo, el planteamiento tratará de reducir los costes y la complicación de los sistemas. Pero este punto, que va unido, todavía no está definido. El organismo que gestiona la Fórmula Uno ha explicado que se perfilarán los limites del desarrollo del ahorro de costes en los próximos doce meses. En ese proceso de investigación también cabe la definición de los elementos de las unidades de potencia, pero el diseño y desarrollo completo no se conocerá hasta que toda la información sea divulgada a finales de 2018.
"A partir de ahora se iniciará una serie de reuniones con todas las partes interesadas para debatir y desarrollar la propuesta en el espíritu de la cooperación más amplio posible", ha asegurado la FIA, que ha expuesto que en 2018 tratarán de alinearse en el trabajo con las escuderías con el fin de fijar las restricciones de pruebas y desarrollo, así como otro ramillete de medidas que desemboquen en la reducción de los costes. Se ha susurrado que habrá una centralita para todos y se establecerá un mismo ERS.
"La nueva F1 tiene el objetivo de ser la competición deportiva global líder, pero también quiere estar a la vanguardia de la tecnología para emocionar y envolver a aficionados de todas las edades. Y hacerlo de forma sostenible. Creemos que los motores del futuro lo conseguirán y también será una competición más igualada”, es el anhelo expresado por el gerente deportivo de la Fórmula Uno, Ross Brawn. Queda por comprobar si las revoluciones de la aerodinámica y de los motores híbridos entregan el relevo a una era, finalmente, más interesante.