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Y DIGO YO

No hay marcha atrás, el estropicio está hecho

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 16 de noviembre de 2017, 20:06h
Actualizado el: 16/11/2017 20:39h

El independentismo catalán que ha venido sobresaliendo en los últimos tiempos en lo que han llamado el procés ha colapsado y cientos de miles de personas que se creyeron las milongas de un grupo de irresponsables con poder han visto cómo han sido vilmente engañadas.

Se ha jugado de manera cruel con sus sentimientos y pasiones­, pero también con la economía de no pocos empresarios que entre pérdidas de competitividad, baja demanda, boicots y la fuga de gran parte del tejido empresarial se han visto –y se ven– obligados a tomar medidas drásticas.

Ahora todos esos gerifaltes de medio pelo reculan, niegan la mayor, cambian el discurso, aseguran que donde dijeron “digo” ahora dicen “Diego”. Han visto que por parecer una niña buena y cumplidora con los preceptos de la Constitución puedes librarte –al menos de momento– de la cárcel y, ¡oye, qué se han subido todos a ese carro!

Ante el Supremo, la presidenta del Parlament fue la primera en cambiar la estrategia y minimizar los efectos de la declaración unilateral de independencia. Como una puñalada en el corazón debió sentar a todos los que pasearon sus esteladas el 1-O y en las jornadas de pública exaltación patria ecuchar a Carme Forcadell decir que “la DUI tenía un carácter simbólico”.

Otra gran bofetada al soberanismo catalán la dio el propio Carles Puigdemont al darse a la fuga, pero la estupefacción fue mayúscula cuando dijo más recientemente que “una solución diferente a la independencia de Cataluña siempre es posible”. ¿Pero a qué hemos estado jugando? ¿Ha sido todo una tomadura de pelo?

Poco después, era Joan Tardá el que admitía que “Cataluña no es independiente porque no ha existido una mayoría que así lo ha querido”. El mismo Artur Mas apuntaba que “probablemente se le dio más importancia de la que tenía a la declaración”.

Luego vinieron los que han reconocido que el gobierno de la Generalitat no estaba preparado para la independencia. El portavoz de ERC Sergi Sabrià fue muy claro al reconocer que el Govern “no estaba preparado para hacer efectiva la declaración de independencia”. Algo muy parecido aseveró la exconsejera de Enseñanza, Clara Ponsatí, que también desde Bruselas admitió que “el Govern no estaba suficientemente preparado para dar continuidad política de forma sólida a lo que hizo el pueblo de Cataluña el pasado 1 de octubre”.

Y digo yo: ¿Pero de verdad toda esta tropa pretendía hasta hace dos semanas gobernar un país en forma de república? ¿Y en serio quieren todos comparecer a las nuevas elecciones como si no hubiera pasado nada?

Hay que lamentar todo lo sucedido, pero por mucho arrepentimiento que se presente en la forma que cada uno le quiera dar, la realidad es que el delito está cometido y veremos cuantos de los que van en las listas pueden acabar teniendo responsabilidades políticas.

No puede ser que esta locura no tenga consecuencias. El estropicio económico causado a Cataluña y, por ende, a toda España y las dificultades que trae salir de esta situación no puede salir gratis. ¿A ver cuántas de las 2.500 empresas que se han marchado vuelven?

No es menos desdeñable el daño causado a la imagen de país. Si la aventura de una panda de trileros estafadores no acaba con ellos en prisión, la tentación para los que vengan detrás será grande. Y España y los españoles que pagaremos la fiesta de unos cuantos no está para más chifladuras.

Javier Cámara

Periodista

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