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TRIBUNA

La eficacia de los jueces

viernes 17 de noviembre de 2017, 20:07h

Es obvio que el separatismo ha perdido otra batalla importante ante la justicia española. Los jueces están siendo muy eficaces ante la querella formulada por el Fiscal General del Estado por delitos de rebelión, sedición y malversación contra los principales protagonistas del golpe de Estado. Eficaces es lo mínimo que puede decirse de los autos de la juez de la Audiencia Nacional, señora Lamela, como el del del juez del Tribunal Supremo, señor Llarena Conde, porque están resolviendo con inteligencia y prudencia un asunto complicado y delicado; ejemplo de sindéresis es el último razonamiento jurídico del punto décimo quinto del auto de Llarena: “No se escapa que las afirmaciones de todos ellos pueden ser mendaces, en todo caso, han de ser valoradas en lo que contienen, sin perjuicio de poderse modificar las medidas cautelares si se evidenciara un retorno a la actuación ilegal que se investiga.” Forcadell contestó a todas las preguntas del tribunal y, sobre todo, aceptó la Constitución española y la aplicación de su artículo 155 para intervenir la Autonomía de Cataluña. Además, añadió que la declaración unilateral de independencia proclamada el pasado 27 de octubre solo tuvo un “carácter simbólico”. Nada de eso hicieron, en la Audiencia Nacional, los encarcelados por la juez Lamela.

La defensa elegida por Forcadell estuvo, pues, en las antípodas de la seguida por los otros secesionistas en la Audiencia Nacional. Imagino que esa actitud valdrá para que el tribunal le suavice la pena que, sin duda alguna, recibirá. Y es obvio que esa estrategia de defensa le ha servido para eludir la cárcel, pero no creo que pueda sortear el insulto de sus compañeros secesionistas: butiflesa (traidora). La renuncia expresa de Forcadell y el resto de los investigados a actuar fuera del marco de la Constitución es la quintaesencia de todas sus “afirmaciones”. El juez ha confiado en la palabra de todos ellos para no aceptar ni una sola de las medidas cautelares solicitadas por los cuatro fiscales de Sala que actuaron en las comparecencias de Forcadell, Corominas, Guin´, Simó, Barrufet y Nuet. El juez ha rechazado, en efecto, las medidas cautelares de los fiscales, pero ha recogido las tesis principales de la Fiscalía respecto al delito de rebelión, incluida la discutida concurrencia del requisito de la violencia del alzamiento independentista: "Para que el alzamiento sea violento”, afirma el juez, “no es exigible que incorpore hechos lesivos o dañosos contra personas o bienes. Es violento cuando el levantamiento se orienta de modo inequívoco a intimidar a los poderes legalmente constituidos (...) por existir una determinación de alcanzar 'a todo trance'" la separación de una parte del territorio nacional.”

Pero, aparte de esta sintonía entre juez y fiscales, creo que este auto se sostiene en la confianza que ha depositado el juez en la promesa de los investigados de que no volverán a actuar al margen de la Constitución. El juez ha confiado en la palabra dada por la señora Forcadell. El principio moral de la confianza en la palabra dada es el sostén de este auto. ¡He ahí toda una muestra del poder normativo que tienen las palabras que, al fin y al cabo, son símbolos de acciones y conductas humanas! El juez confía, aunque no “ciegamente” -porque se reserva la sospecha de que todos los investigados pudieran estar mintiendo-, en las palabras de Forcadell y los otros acerca de que se someterá de aquí en adelante al poder de la Constitución. La clave decisiva del juez es que la promesa de mañana fundamenta, da fuerza y brío al auto de hoy. Llama poderosamente la atención, independientemente de la valoración política que nos merezca esta resolución judicial, el inmenso valor que le concede el juez a los símbolos, a las promesas que contienen las palabras de sus enjuiciados, con el desprecio absoluto que, por otro lado, muestra la señora Forcadell al decir que la declaración de independencia del Parlament del 27-O solo tiene un valor “simbólico”.

Contrasta el aprecio absoluto de un juez por la palabra de un procesado con el el descrédito terrible de Forcadell por las palabras de una Asamblea política. Mientras el juez hace norma del símbolo, de la palabra dada, la separatista convierte el símbolo en ideología, engaño y añagaza para eludir su responsabilidad moral y culpa penal. Comprendo que resulte difícil convivir políticamente con la “ideología” nacionalista. El problema no es su inmoralidad, sino que el separatismo catalán, como el vasco, solo tiene una “idea”, “algo” muy elemental y al alcance de un cerebro reptiliano, a saber, “soy superior porque soy catalán o vasco” y, precisamente, por eso puedo hacer y decir lo que quiera. Lo irracional del separatismo es su fuerza. Forcadell suscribió una declaración de independencia de Cataluña, culminación de un proceso golpista contra España, pero le dice al juez que carece de significado, porque es “meramente simbólica”… Las palabras no es que sean susceptibles de manipulación, sino que no valen nada. La argumentación es inviable para esta gente. O peor, vale todo para salvar el pellejo. La irracionalidad es la gran y única fuerza del separatismo. Es obvio que el juez Llarena sabe bien a quién está juzgando y por eso ha recalcado: “No se escapa que las afirmaciones de todos ellos pueden ser mendaces”. ¡Tan mendaces que para los nacionalistas Puigdemont no ha huido, Junqueras es un mártir y Forcadell no es una traidora!

Son esos embustes la base de la irracionalidad y cobardía del separatismo catalán. La cuestión es irresoluble. Solo cabe aguantar. En este contexto tenemos que leer la eficaz, aunque no exenta de cierta debilidad, decisión del juez Llarena de poner en libertad bajo fianza de 150.000 euros a la señor Forcadell, quien al abandonar la prisión de Alcalá-Meco dijo que salía con la conciencia tranquila. Dime de lo que presumes, como dice el refrán, y te diré de lo que careces. ¿Cómo va a tener la conciencia tranquila alguien que hizo del odio a España la máxima de su vida y ahora le promete a un juez que se somete a los dictados de la Constitución?

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