LETRAS DESDE MÉXICO
La memoria, el perdón y el olvido
viernes 08 de diciembre de 2017, 20:40h
Como todos sabemos México está sumido en una circunstancia preelectoral muy intensa. Cuando el sistema político se abrió, también comenzaron a hervir los peroles y los potajes variopintos. Este país es una olla de grillos.
Y como las ideas serias suelen ser muy pocas y todo mundo las repite, pues entonces venga a inventar extravagancias, como esta cuyo comentario ahora presento y cuya paternidad le corresponde al más aventajado candidato, el insistente Andrés Manuel López quien por tercera vez se lanza tras la silla del poder. Con estas cosas quizá no la alcance ni el en cuarto intento. Ha prometido amnistiar a todos los delincuentes del narcotráfico y conexos.
La amnistía es una fórmula jurídico política de reconciliación tras un estado de beligerancia. El vencedor, magnánimo, se olvida de la adversa condición de los vencidos y borra de su memoria agravios y posturas enconadas.
En Colombia, por ejemplo, siete mil guerrilleros de las FARC fueron sujetos de amnistía, lo cual enfureció a las víctimas indirectas (familiares de los muertos o secuestrados en los muchos años de la casi guerra civil. Sin embargo ese paso ayudó a la paz.
En México los guerrilleros de los años 70 y los activistas de varios movimientos sociales también se beneficiaron de una amnistía general.
Pero en el caso actual de una idea peregrina y poco inteligente, Andrés Manuel propone una amnistía para delincuentes, narcotraficantes y secuestradores. Si de por sí existe un altísimo grado de impunidad, una amnistía perpetuaría esa condición. Sería una inmunidad permanente.
Otro problema de esta humorada (o patochada) , es la dificultad para identificar a quienes pudieran beneficiarse de tan singular ocurrencia.
¿Quién se presentaría a recoger el certificado de olvido con cuya generosa redacción pudiera vivir el resto de su vida? ¿Y haciendo qué?
Una amnistía mira al pasado, no al futuro. Los narcotraficantes seguirían haciendo eso mismo, después de esa especie de perdón por desvanecimiento. ¿O se regenerarían al día siguiente y dejarían de traficar?
Un día después del olvido, las cosas seguirían igual, pero sin posibilidades de redención.
Una vez más vemos la fórmula equivocada: para resolver el problema de las adicciones, legalizamos la mariguana. Para resolver las infracciones al código pena, quitamos el código penal. Si nos molesta una piedra en el zapato, tiramos el zapato.
El olvido prolongaría la actividad de la delincuencia organizada y sí, como dicen algunos nos daría una definición automática de narco-Estado. Sin Derecho, no puede haber “Estado de Derecho”.
Por eso el rechazo a esta invención repentina del candidato de Morena, ha sido universal. Es un pensamiento tan ilegítimo, como la presidencia “legítima”.