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México: crisis en su régimen del 78

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 13 de diciembre de 2017, 20:34h

El proceso presidencial mexicano elegirá nuevo presidente de la república para el periodo 2018-2024 el primero de julio del próximo año. Lo de menos es que gane el PRI, que vuelva a ganar el PAN o que por primera vez el neopopulista López Obrador logre triunfar en su tercer intento. Lo único que se tiene claro es que el régimen político mexicano de 1978 llegó a su fin y no hay opciones en el horizonte.

La periodización del sistema político mexicano tiene fases claras: revolucionario de 1910 a la Constitución de 1917, institucional de 1917 a la fundación del PRI como Partido Nacional Revolucionario en 1929, priísta de 1929 a 2000 y con sistema de partidos de 2000 a la fecha.

El régimen de 1978 fue producto de cuando menos tres circunstancias: la crisis de 1968 que llevó al manotazo autoritario del Estado contra el movimiento estudiantil, la crisis social por el agotamiento del Estado de bienestar en 1976 y la configuración de una pluralidad partidista en 1977. La crisis económica y política de 1976 terminó con la clase política forjada en el PRI.

Sin militancia priísta, el presidente López Portillo se encontró con tres crisis: política porque la izquierda del 68 se convirtió en guerrilla ante la falta de espacios institucionales, económica por la inestabilidad devaluatoria y social por la acumulación de rezagos convertidos en protestas.

En 1977 López Portillo anunció una reforma política real en tres puntos: legalización del Partido Comunista Mexicano y apertura del sistema de partidos, creación de diputados plurinominales o votados por listas y no por distritos y apertura paulatina de la información pública.

El régimen del 78 dio un paso democratizador en el régimen del PRI y permitió la alternancia del PRI al PAN en la presidencia en 2000 y la alternancia del PAN al PRI en el 2012. La institucionalidad del PAN en el poder presidencial y la mayoría priísta en el legislativo permitieron una alternancia sin conflictos, pero no configuraron una verdadera alternativa.

Para la elección del año próximo habrá tres candidatos competitivos: José Antonio Meade Kuribreña por PRI-Partido Verde, Ricardo Anaya por PAN-PRD-Movimiento Ciudadano y López Obrador por Morena-Partido del Trabajo. Se prevén dos candidatos independientes, pero cada uno apenas pinta con 7 puntos cada uno en encuestas.

Gane quien gane de los tres principales, su principal tarea será la de encarar el fin histórico del sistema político priísta, del régimen de gobierno presidencialista priísta autoritario y de Estado priísta de bienestar colapsado. Los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón carecieron de una oferta de reforma y prefirieron co-gobernar con el PRI.

Las tres opciones suenan diferentes, pero traen el mismo discurso de continuidad del modelo económico de estabilidad, es decir, de prioridad inflacionaria vía bajas en el PIB, el gasto social y los salarios. Inclusive, el rebelde López Obrador ya anunció el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica que exigen el Fondo Monetario Internacional y la OCDE. Dice que sus propuestas populistas las va a financiar con la reducción de la corrupción. El temor en algunos sectores radica en el hecho de que ese dinero no le alcance, mantenga sus programas asistencialistas y los financie con dinero inflacionario. Pero no habría una ruptura institucional.

En las figuras independientes destacan tres: el actual gobernador del estado de Nuevo León Jaime Rodríguez, con una oferta anti sistema sólo como discurso; la esposa del expresidente Calderón sin ninguna bandera real y la indígena María de Jesús Patricio Martínez Marichuy como representante del grupo guerrillero EZLN que se alzó en armas en enero de 1994 y le declaró la guerra al Estado y al ejército, aunque hoy ya en la institucionalidad electoral.

Si en realidad no hay indicios de ruptura, el problema radica en que el régimen del 78 cruje por todos lados: los partidos carecen de representatividad, la sociedad se auto-organiza y confronta al régimen y al Estado, el presidencialismo carece de legitimidad y se sustenta por el autoritarismo, el próximo presidente puede llegar al poder con menos del 30% de los votos, la economía estabilizadora afecta a 80% de los mexicanos y el crecimiento económico anual promedio no puede ser mayor a 2.2% pero necesita hacerlo a 6% para atender rezagos de pobreza.

El modelo económico pasó de estatista a de mercado, pero sin modernizar su sistema político. Las reformas estructurales no han funcionario del todo porque dependen de una economía centralizada y controlada por el gobierno. Cualquiera que gane la presidencia tendrá que gobernar con la expectativa de 2.5% promedio de PIB y con mayor acumulación de pobreza y de resentimientos. El sistema político enfrenta a cada paso a una sociedad organizada para bloquear decisiones, porque esa sociedad no tiene instancias de participación real en el sistema de toma de decisiones.

El problema mexicano radica en la necesidad de una reforma total del sistema/régimen/Estado priístas, pero sin condiciones para realizarla; y el conflicto no radicará en que gane la oposición, sino en que la estructura política y de poder seguirá en manos minoritarias del PRI y por tanto la gestión de la oposición estará acotada.

En este contexto, México ve colapsado su régimen del 78, pero no percibe en el corto plazo ofertas y posibilidades de cambios de fondo. Ciertamente que todos los candidatos hablan de cambios y reformas, pero ninguna tiene un sentido de transición. La república priísta llegó a su fin, aunque sin una de relevo…, hasta ahora.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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