Cada época está dominada por sus afanes y por sus gustos. Éstos varían un poco de un país a otro y de una a otra región; sin embargo, su fondo permanece intacto, especialmente si hablamos de Europa. ¿Qué tiene Europa hoy? ¿Cuáles son sus hombres ilustres o destacados? Me temo que si hacemos esta pregunta a alguien de la calle, la respuesta será Ronaldo, Messi, quizá Zidane. Los escritores, los pensadores, y los políticos ni de lejos podrán formar parte de las “glorias” de Europa actual. Si los siglos anteriores el espíritu fue el centro de la existencia humana, la meta de todas sus ocupaciones fue el desarrollo del pensamiento y de la dignidad del hombre, ahora todo se basa en el ejercicio físico: training, running, jogging, quizá lo único que queda por añadir es el trotting. Quizá el afán de deshacerse de los kilos va unido al otro que es el de acumularlos.
En otro ámbito nos hallamos con la suma preocupación por la alimentación. ¡Ay las cosas del comer! Todos andan buscando las comidas de gourmet, las estrellas Michelin y lo recomendado por Master-Chef y demás sobrados y expertos de la tele. Lo que antes fue algo trivial y cotidiano: cerveza, vino, pan, ahora no valen ni saben bien sin añadiduras como bio, integral o ecológico. La comida dejó de ser una necesidad cotidiana que puede ser satisfecha con un pan duro y un buen trozo de queso. Nada de eso vale, ahora todo es un ritual, la preparación de algo que puede durar días o semanas. Sin duda, si sales a comer o cenar y no lo publicas en Instagram es peor que no comer nada. No llegan los likes, ni los “qué chuli" de los amigos…
Bien tratado el cuerpo, mas perdido el espíritu. No hay cosa más mala que las maldades que surgen de la manipulación del espíritu… La libertad y la intimidad ya no existen. Los rigores extremistas de ciertos círculos políticos propiciaron que seamos censores y denunciadores de todos los comportamientos y opiniones políticamente incorrectos. Para ver cómo está la libertad de expresión basta con mirar como los medios de incomunicación atajan cualquier discrepancia desde principio para que nadie despierte en el ciudadano de a pie ganas de pensar y analizar lo que sucede. De aquí tenemos los programas que bajo el llamativo título El mundo feliz abarcan todos los tópicos y marasmos habidos y por haber. Los cambios climáticos, la contaminación, la violencia de género, la maldad de Trump, la sostenibilidad del hogar, lo saludable del estilo de vida, todo este “maravilloso” torbellino de necedades se ha convertido en la comida chatarra para el cerebro que funciona igual que los runners: se mueve mucho, pero rinde poco.
Una de las tareas más difíciles para el ser humano siempre ha sido mantener el equilibrio. El gran entusiasmo por el cuerpo y las cosas que le afectan es provechoso. No obstante, la desmesura a la que hemos llegado ha aniquilado la inteligencia y la voluntad. Y sin tales cosas en las alforjas, ¿dó nos vamos a parar?