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LETRAS DESDE MEXICO

Oportunistas, desvergonzados, mendaces

viernes 26 de enero de 2018, 20:53h
Actualizado el: 26/01/2018 21:11h

México, al menos en lo político, se ha convertido en un país desfachatado. Nadie tiene cara, ni para plantarla ni para reconocerla en el espejo. Los saltimbanquis (“chapulines”, saltamontes, pues, les llaman aquí), han convertido sus mucilaginosos partidos en adherencias de cualquiera, unos con otros, como un denso panal de hipócritas.

Y los militantes, cambian de cachucha como de calzones. De cuando en cuando.

Yo no les llamaría oportunistas, simplemente estamos viendo una exhibición de la naturaleza real del político, del ser político, de esas personas quienes en el nombre de una ambición de mando, de un ansia desmedida de riqueza, de una satisfacción egoísta y a veces ególatra de estar por encima de los demás, son capaces de pasar por encima de los demás y también por encima de sí mismos.

Son traidores de todos; de los demás y de sí mismos.

Es la condición permanente de la desvergüenza, de la desfachatez, del arte de "comerte el sapo" todas las mañanas, no importa si en el proceso alguien se torna en su propio batracio.

En casos femeninos no diría "sapo", diría "rana".

Comer ranas, tragar sapos, ajolotes o salamandras; no hacer gestos, aguantar, callar, someterte, esperar el turno y como no hay turno, irte quizá cansado (o cansada) de hacer gárgaras de mierda, para iniciar el proceso en otra banda, en otro clan, en otro grupo, sin méritos pero con esperanza.

Todo eso muestra muy bien o ejemplifica con claridad la naturaleza ética de la política, la cual es ninguna.

La política no tiene corazón, ni dignidad; la política no tiene canon, ni tiene norma, es simplemente el aprovechamiento personal de las cosas. Es el invernadero donde moral es cultivo de moras.

Pero esto llega a niveles de preocupación cuando la actitud siempre tan disimulada y siempre tan escondida en las buenas maneras y los ropajes y las explicaciones palaciegas y llenas de cortesía -como suele ser el doblez en la conducta de los políticos-, se aplica como grosera y cínica norma de todos los partidos.

Y pongo unos cuantos ejemplos, no hacen falta demasiados. Obviamente el más reciente es el de esta señora Cuevas, quien se ha tragado una rana del tamaño de una iguana. No sólo ingurgitó sus palabras sino sus actitudes y desplantes trepadores.

Todo cuanto dijo de Andrés Manuel cuando lo insultaba, cuando fue a pedir un amparo para meterse a sus conferencias de prensa a sabotear la agenda matutina del entonces jefe de Gobierno; su actuación en el desafuero cuando le pagó una multa por instrucciones superiores, y finalmente su poca firmeza de carácter para sostener sus palabras, no las palabras de otros.

Se tragó su pasado con la lengua incluida.

Y por si no fuera suficiente vergüenza, su infantilismo tardío para decir:

-"…Es que me cayó muy bien cuando lo conocí, porque yo no lo conocía"; lo cual equivale a decir "yo lo insultaba porque me lo ordenaban", cuando era una correveidile de cualquiera en el PAN.

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