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TRIBUNA

No se sabe cuántos son

jueves 01 de febrero de 2018, 23:00h

No se sabe cuántos son, pero su pintada protesta con charcos de anilina roja en las calles cercanas a la plaza de toros los hace en Mixcoac o en otros sitios del mapa taurino, una presencia incómoda por su intransigencia, su vehemencia piadosa, su dolor por la sangre derramada y el sufrimiento impío de lo vívidos sacrificados en el altar de borrachos crueles y escandalosos.

Quizá tengan razón en llorar por el dolor de los toros.

Por eso ahora deberían protestar ante el fideicomiso “Fuerza México” (organizado por la IP, de la cual forma parte notable Alberto Bailleres, promotor de la fiesta de toros en México y ganadero singular), cuyos fondos privados aumentan los caudales del dinero necesario para la reconstrucción post sísmica en la República Mexicana.

Si el dinero proviene del dolor de los animales, pues ya se pueden ir movilizando para influir en su rechazo, ¿o no es para tanto?

¿Serán pragmáticas las organizaciones animalistas para disimular si algunos de ellos o sus semejantes van a vivir en casas reconstruidas con argamasa teñida de sangre dolida de toros inocentes, de animales sufridos?

Aquí sucede como con la queja de Tito a su padre, Vespaciano, quien cobraba impuestos por las letrinas de Roma.

El emperador (69-79 d.c.) le entregó al indignado y quisquilloso joven (era seguramente un snob “milenial” de su tiempo) una moneda de oro y le pidió olisquearla.

--¿Sciscitans num odore offenderetur? (te ofende cómo huele), le preguntó.

Y ante la negativa nos dijo la frase eterna:

---Pecuniam non olet. El dinero no huele. Mucho menos sangra.

--Lo “cáido cáido”.

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