El presidente del PNV sostiene que en Madrid ha resucitado el espíritu del Cid. Dice que la clase política madrileña está desquiciada y ha perdido toda noción de la realidad. Un rampante nacionalismo españolista, según advierte, ha contaminado el clima de la capital. Y al frente de la jauría, al parecer, está Ciudadanos, partido al que compara con un perro de caza mayor, que cuando prueba la sangre no quiere soltar la presa.
Por ello no se dan hoy, en lo que denomina la caverna madrileña, las condiciones de sosiego y tranquilidad necesarias para negociar el futuro de Vasconia. Un plan de autogobierno, trazado por los suyos, que a su juicio es realista, con base legal y que no rompe. Un documento, explica parsimonioso, que plantea fortalecer vínculos desde el mutuo reconocimiento y una relación bilateral en la que todos estemos a gusto. O sea, en castellano: el derecho a decidir la liquidación de España.
Dicho de otro modo. El plan y su envoltura representan la inversión del gatopardismo: si queremos que todo cambie, es necesario que parezca que todo seguirá igual. La cosa, de entrada, parece que no ha colado. De ahí el sosegado cabreo del sr. Ortuzar. Que no bajará a la meseta hasta que el Cid pase de largo. No sea que los alanos de Albert Rivera le agarren en el Palacio del Senado, y no le suelten hasta que haga la Jura de Santa Gadea ante el óleo de Hiráldez Acosta. La del romancero, digo. La leyenda del juramento que Don Rodrigo forzó al rey Alfonso de León. Pero en versión tuneada a lo Charlton Heston. Más o menos así:
Albert Rivera: Señor, todos los aquí presentes, aunque no se atrevan a decirlo, abrigan la sospecha de que con vuestro plan tramáis la ruptura de España. A menos que probéis nuestra equivocación, nunca podremos fiarnos de vuestra lealtad, y esa duda destrozará vuestro autogobierno.
Andoni Ortuzar: ¿Cómo queréis que pruebe mi inocencia?
Rivera [mostrándole una Constitución]: Jurando sobre las Sagradas Escrituras.
Ortuzar [católico]: ¿Puedo prometerlo?
Rivera: Podéis.
Ortuzar: Está bien.
Rivera: ¿Juráis o prometéis que vuestro plan de autogobierno no oculta la ruptura de España?
Ortuzar: Lo prometo.
Rivera: ¿Juráis o prometéis, igualmente, que jamás aconsejaréis ni participaréis en el desguace de la nación española?
Ortuzar: Lo prometo.
Rivera: ¿Y juráis o prometéis también que nunca habéis tenido, ni tendréis, intención alguna de quebrar la unidad de España?
Ortuzar: Lo prometo.
Rivera: Si hubierais jurado en falso… [Rivera duda, consulta a sus chicos y retoma del tirón]: Si hubierais jurado en falso, permita Dios que muráis del mismo modo que vuestra patria, apuñalado en la espada por la mano de un traidor. Decid amen.
Ortuzar: Prometido.
Rivera: Decid amén.
Ortuzar: Lleváis las cosas demasiado lejos, Albert.
Rivera: ¡Decid amén!
Ortuzar: A-m-é-n.
Rivera [Aparte, citando el auto del juez Llarena sobre sus paisanos catalanes]: No se me escapa que sus afirmaciones pueden ser mendaces.
Ortuzar [Aparte]: A cada perro le llega su Santa Gadea.
En fin, que no se entiende a qué tanto revuelo, por cosa tan civilizada. El señor Ortuzar, como buen castizo, sabe que una sátira cala más que mil razones. Por eso nos ha escupido al Cid como icono de ferocidad y desafuero, de machada española. Pero olvida, o ignora, que si durante siglos el Cid ha sido: Símbolo del espíritu aventurero y hazañoso, Hinojosa, Joaquín Costa y Menéndez Pidal también recuerdan otra tradición. La del Cid togado, hombre sabidor de Derecho, jurisperito y ritualista, que toma la Jura de Santa Gadea con primoroso rigor jurídico.
O eso dictaba, Sánchez Agesta, En torno al concepto de España. Que es, al fin y al cabo, de lo que va el concierto. Así pues, mientras los diecinueve sacristanes de la ermita de San Jarando siguen pidiendo para su santico, cabalgue el Cid por el padre eterno de la nación. Y que dure el romance.
Posdata:
Al término de esta crónica, a lomos ya del caballo blanco de Napoleonchu, Ortuzar ha denunciado en Onda Cero al partido de Albert Rivera por talibán, y confesado su irrefrenable filiación independentista. Cataluña, como Euskadi, es una nación que lucha por sus derechos, ha concluido picando espuelas.