Encuentro de religiones en Madrid
lunes 14 de julio de 2008, 23:09h
Este miércoles 16 dará comienzo en Madrid, con una recepción a la que asistirán los Reyes de España y el de Arabia Saudí, la primera Conferencia Internacional para el Diálogo, un foro interreligioso en el que se darán cita representantes de las religiones más importantes del mundo, convocados por el monarca saudita. Paradójicamente, este encuentro, cuyo objetivo es tender lazos de diálogo y amistad entre las religiones, está organizado por uno de los países islámicos más conservadores y menos tolerante con otras confesiones que no sean la islámica. El único culto permitido en Arabia Saudí es el musulmán, cualquier otra manifestación o signo religioso es delito y los judíos, por ejemplo, tienen prohibida la entrada en el país.
Puede enmarcarse la reunión, convocada en exclusiva por Arabia Saudí, en el plan del rey Abdala de modernizar, aunque sea tímidamente, el país. Desde su llegada al trono, allá por 2005, el monarca saudita ha dado muestras claras de su deseo de sacar al país del oscurantismo fundamentalista en el que lo mantienen las férreas autoridades religiosas. Así se interpretan gestos de alto nivel simbólico como su visita al Papa en 2007 o la celebración de elecciones municipales en 2005. Hay que reconocer, sin embargo, el rey se encuentra atado sin demasiado margen de maniobra. Ha de mantener un frágil equilibrio entre las acciones modernizadoras como la organización de esta cumbre y la aprobación de las autoridades religiosas en las que se sustenta su legitimidad como monarca. Hacia ellos va dirigida esta iniciativa internacional, la cual debe también -y quizá sobre todo- leerse en clave interior. Sin embargo, nos guste o no, Arabia Saudí es un país que aún no está preparado para establecer en él una democracia plena, siguiendo el modelo occidental. Por ello es necesario fomentar gestos que vayan modernizando su sociedad, para que un día alcance la madurez necesaria para adoptar un sistema democrático. La asunción de un auténtico Estado de derecho, la defensa de los derechos humanos o la garantía de la seguridad jurídica, hoy por hoy inexistentes, son retos que puede y debe abordar el rey Abdala, para demostrar que su voluntad de modernizar el país es real. Sólo sobre esta base se podrá asentar en un futuro una democracia plena.
La otra lectura que puede extraerse de la organización de esta cumbre, es la elección de España como sede de la misma, honor del que hemos de enorgullecernos, sin duda alguna. De esta forma, se demuestra el excelente tono de las relaciones entre ambos países, en un momento en el que la política exterior española no destaca, precisamente, por su brillantez. Gracias, en gran medida al Rey Don Juan Carlos, que ha sabido cuidar las relaciones con los países árabes -para cuyos mandatarios el contacto humano y personal es fundamental- y que, hoy por hoy, es la única autoridad que sigue realiza una labor diplomática eficaz, España ha sido la primera y única opción posible para un encuentro que hubiera sido in auténtico bombón para países como Reino Unido, Francia o incluso Estados Unidos. Por encima de interpretaciones partidistas, que España haya sido elegida para albergar el encuentro, demuestra que somos percibidos como un lugar de encuentro, al que elegir y en el que confiar.