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ORIENT EXPRESS

Un héroe de Francia

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 25 de marzo de 2018, 20:12h

Se llamaba Arnaud Beltrame, era teniente coronel de la Gendarmería Nacional y el viernes pasado se intercambió por una rehén que el terrorista yihadista Redouane Lakdim retenía en un supermercado de Trèbes (Francia). Lakdim aceptó el trueque y terminó disparando contra Beltrame, que resultó mortalmente herido. El terrorista ya había asesinado y herido a otras personas antes de hacerse fuerte en un supermercado. Allí lo terminaron matando efectivos de las fuerzas especiales. El joven terrorista, francés de origen marroquí de 22 años, que había irrumpido en el supermercado al grito de “Alá es grande”, había segado las vidas de cuatro personas. Una de ellas fue la de este gendarme de 45 años que había servido en Irak y en la seguridad del Elíseo.

Francia lleva mucho tiempo sufriendo el terrorismo de las organizaciones yihadistas. Desde los desiertos de África hasta el Asia Central, la República combate contra el terrorismo en todos los frentes: el militar, el diplomático, el policial, el político. La muerte de Beltrame ha unido a millones de franceses en el dolor por la muerte de un hombre que bien debiera ser un ejemplo para millones de europeos.

Quienes lo conocieron destacan su amor a la patria. No es exagerado calificarlo de héroe como han hecho varios políticos franceses. Todos han exaltado su valor y su espíritu de sacrificio. Yo querría señalar un detalle que no debería pasar desapercibido: su fe cristiana católica. Un sacerdote amigo suyo ha contado su historia en una carta. Se convirtió en 2008, a eso de los 33 años, e hizo la primera comunión y la confirmación en 2010. Se estaba preparando para contraer matrimonio canónico con la mujer que ya era su esposa en vía civil. Murió habiendo recibido la unción de enfermos y la bendición apostólica in artículo mortis. El matrimonio no tenía hijos.

Sería incompleto trazar un perfil de este héroe sin hacer referencia a la fe que inspiraba sus acciones ni al seguimiento de Cristo que alentaba su vida. A lo largo de la Historia de Francia -y de toda Europa si a eso vamos- millones de hombres y mujeres dieron su vida por Dios y por la patria. Sin comprender la motivación que subyace al sacrificio, uno corre el riesgo de reducirlo a la consecuencia última de un “humanitarismo” encomiable pero limitado. Quien tiene fe cree, como reza el célebre himno con que en España se recuerda a los que dieron su vida por ella, que “la muerte no es el final”.

Han sido muchísimos los franceses de nuestro tiempo que han vivido abrazados a su fe los avatares de la Historia. Ahí están Charles Péguy, católico amigo de Jacques Maritain, poeta vibrante y soldado caído en la Batalla del Marne el 5 de septiembre de 1914. Ahí está también Hélie Denoix de Saint Marc, hijo de una familia católica de Burdeos, enrolado en la Resistencia Francesa, deportado a Mauthausen, soldado en Indochina, el Canal de Suez y Argelia, católico y patriota a carta cabal. Ahí está Frossard, que pasó del comunismo al catolicismo después de una conversión estremecedora en una iglesia parisina de la que salió “con una amistad que no era de este mundo”.

Europa se debate hoy en una confusión que amenaza los valores y principios sobre los que fue edificada. A la vista de ejemplos como el de Arnaud Beltrame, las palabras del Evangelio de Juan (15,13) “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” cobran un nuevo sentido. Los antiguos griegos y romanos sabían, como dejó escrito Horacio, que era “dulce y honorable morir por la patria”. El Estado mantenía la memoria de aquellos que se habían sacrificado y se convertían en modelo para los demás a lo largo de los siglos. Heródoto cuenta que el poeta Simónides compuso un dístico como elegía a los héroes de las Termópilas: “Extranjero, ve a decir a los lacedemonios que yacemos aquí en obediencia a sus leyes”. Ejemplos como el de Beltrame nos muestran el rostro de Francia y, reflejado en ella, el de la condición humana: la capacidad de sacrificar hasta la propia vida.

Por eso, hoy, esta columna eleva una oración por el alma de Arnaud Beltrame, gendarme, católico y héroe de Francia.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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