Un fantasma ha dejado de recorrer Europa. Por donde pisaba Puigdemont no crecía más que la farsa y el disparate. El mequetrefe del procés ha pasado de arrastrar sus cadenas por medio continente a dar con sus huesos en una prisión de Alemania. De Waterloo a una cárcel alemana, en la que también estuvo encerrado Hitler por una intentona golpista como la protagonizada por el independentista catalán. El primero en visitar al preso ha sido un dirigente neonazi. Dios les cría y ellos se juntan. Juntos por el Sí, Juntos por Cataluña…sin embargo, ya no acuden juntos a las manifestaciones. Unos están en prisión y otros son fugitivos de la Justicia. Empeñados en saltarse la ley, parecen niños que rompen el juguete por no saber jugar con él. Ya solo les queda el trasto de TV3 para enmascarar la realidad sin rectificar la falsedad. Al más puro estilo Goebbels, sigue repitiendo mil veces la misma mentira para convertirla en verdad. Como el ministro nazi de Propaganda, la televisión del 3% sigue llamando a la guerra total cuando todo está perdido. Al delito de corrupción el separatismo sumó el de rebelión. Es su sino: dejar de ser políticos y convertirse en delincuentes.
El procés está cadavérico pero aún persiste en alcanzar el país de nunca jamás. Su mayor derrota fue el triunfo en Cataluña de un partido constitucionalista. Su gran perdición ha sido el Código Penal. Y su monumental ridículo es ser el espejo de Tabarnia. Su primitiva y bárbara reacción, pintadas y tuits amenazantes contra Arrimadas, Llarena y Boadella, revela la táctica hitleriana de señalar al enemigo. Otro que se señala a sí mismo es Guardiola. La última majadería del entrenador metido a politólogo ha sido pedir que no se les compare con ETA y la kale borroka. ¡Qué paradójico Pet! Con sus sólidos conocimientos sobre el esférico, quiere ahora convencernos de que el balón es cuadrado. En el fútbol, los partidos se ganan en el césped, no en los despachos. En democracia, las batallas se ganan en los Parlamentos, no en la calle con referéndums ilegales o con tiros en la nuca. La línea divisoria es la ley y el juez de la contienda expulsa a quien se la salta. El independentismo vasco y el catalán siempre se inclinaron por medios más expeditivos que democráticos.
Cuando se pierde el norte, aparece la confusión. Los europeos llevamos un tiempo confundidos. Unos quieren hacer Europa; otros deshacerla. El panorama es propenso a nuevos totalitarismos, que lo mismo airean fantasmas como levantan cortinas de humo con el objetivo de destruir en vez de construir, de sembrar discordia en lugar de concordia. Sabemos dónde está el bien y dónde está el mal y cuál es la zona peligrosa en la que con evidente daño para la convivencia, se refugian quienes, con su apocalíptica indefinición de ideas, secundan la confusión y persiguen conciliar populismo y libertad, términos antitéticos como la luz y la sombra, los ciudadanos y los fantasmas.