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TRIBUNA

El maganazo

Natalia K. Denisova
sábado 12 de mayo de 2018, 20:54h

Viernes y tarde de toros. Una buena entrada en la plaza de Las Ventas. Los toros, más bien unos enormes bueyes de Pedraza de Yeltes, recordaron a Morante de la Puebla que hace suya la frase de Gallo sobre la desproporción entre el toro y torero: “El toro tan grande y yo tan chico… ¿Qué voy a hacer con él?” El viernes, 12 de mayo, en el ruedo estuvieron Escribano, Luque y Fortes. Los tres diestros se esforzaron, se pasaron la muerte por cintura para sacar del letargo a los seiscientos kilos de alimaña. Hay dos voluntades en el albero, pocas veces pueden entenderse, con más frecuencia se impone la de uno. Esta tarde la que se impuso fue el plomizo y regular movimiento del buey tranquilo. Sin codicia ni mucho trapío.

Sin embargo, llegó el sexto, que muchos espectadores daban por descartado y se fueron antes del comienzo de la faena. Fortes, el malagueño, supo hacerse con el morlaco e hizo unos quites bellos y unas series de derechazos dignos de recordarse. La sinceridad y la voluntad del hombre se impusieron junto con la técnica limpia y los movimientos claros. Ni un paso más ni uno menos frente a Urante colorado de 632 kg. La estocada bien puesta reafirmó el triunfo. Una oreja merecida ilusionaba al diestro y al público. Pero… Siempre hay un pero, que esta vez era de más peso que los toros de Pedraza. El presidente José Magán Alonso quiso competir con la testarudez de las mulas y se opuso a la petición del público que reclamaba el galardón para Fortes.

La tozudez del presidente fue peor que una torpeza. Se trataba de una cacicada propia de un analfabeto taurino. Magán Alonso hizo lo contrario de lo que es un presidente de un festejo tan serio como es una corrida de toros. El presidente, o sea, “la persona de la autoridad que en la plaza ejerce las funciones directivas de la lidia que prescriben los reglamentos, y las de mantenedor del orden público”, no existió el viernes en Madrid. Por eso, es menester que alguien amoneste, sanciones y destituya al señor Magán por un incumplimiento flagrante del reglamento.

Ya fuera del ruedo, pasado el fragor de la indignación monumental, nos quedamos con la plaza de toros como una metáfora de España actual. El triste espectáculo que ofreció Magán en las Ventas lo vemos todos los días por España. Maganes y maganadas forman parte de la vida cotidiana de una España sin horizonte por carencia de élites políticas.

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