A un metro del paraíso
viernes 18 de julio de 2008, 21:57h
Casi todos los días soleados en las playas más concurridas de la Costa del Sol asistimos a un espectáculo tremendo: mientras los bañistas y paseantes toman el sol y se pasean, a unos metros es posible que un cayuco poblado de infelices aspirantes a la emigración intente desembarcar.
La imagen se repite: de los cayucos bajan ,si es que han sobrevivido, una docena de emigrantes que encuentran en la playa y al lado de los bañistas ese mundo opulento de burgueses y empleados, señoras con niños, caballeros bien alimentados.
Como la gente es generosa lo primero que hace es ayudar a los emigrantes, ofrecerles agua y comida. El paraíso está a unos metros pero tras tantos kilómetros de riesgos es casi un milagro que los emigrantes logren sobrevivir en un mar de corrientes y marejadas.
El fenómeno es a veces todavía más arriesgado en las Islas Canarias hasta donde llegan estos náufragos que en algunos casos han tardado hasta quince días en la travesía para encontrar algo parecido a la civilización.
Como digo casi todos los días se reproduce el fenómeno con la carga de decenas de ahogados y perdidos en el mar.
Todos los esfuerzos que la Cruz Roja o la Guardia Civil del mar han hecho para poco cuando los cayucos o barquichuelas se enfrentan con un mar bravío que, además, conocen mal.
En su mayoría estos náufragos no saben nadar de modo que quienes alcanzan las playas de Cádiz o de La Gomera son el resultado de una aventura terrible.
Días pasados los ministros del Interior de España y Marruecos firmaron un acuerdo para luchar contra las mafias de las pateras que constituyen una industria de lo más próspero. Todo el mundo sabe, sin embargo que acabar con estas mafias es casi imposible entre otras razones porque el número de aspirantes al tránsito hasta España es muy grande y porque tanto en Marruecos como en España -sobre todo en Marruecos- estas mafias están perfectamente preparadas y cuentan con lanchas cada día más perfectas.
¿Qué hacer para terminar con este comercio infame? En la situación actual es casi imposible acabar con las mafias del mar y ese espejismo de las playas llenas de gente que toma el sol plácidamente frente a los náufragos que acceden a las costas resulta francamente difícil por no decir imposible de aguantar
Todo el mundo sabe sin embargo que la gran mayoría de los emigrantes clandestinos -“los sin papeles”- llegan a España por otros medios que no son los cayucos y que por tierra acceden a territorio español muchos más que los que logran finalmente llegar a territorio español, jugándose sin embargo la vida y, a veces, perdiéndola.
Lo cierto es que para acabar con este comercio de carne humana no hay voluntad en la mayoría de los países europeos, especialmente los mediterráneos. Los medios de comunicación repiten el tópico: imposible terminar con las mafias, imposible evitar que en las fronteras marítimas de Marruecos, Mauritania, y otros países africanos los gobiernos tomen medidas.
Mientras tanto a nivel europeo o español resulta imposible cercenar el comercio de las barquichuelas. En los gobiernos de estos países se ha implantado cierta resignación y todos los años el fenómeno se repite: a unos metros de los parasoles, el horror y la muerte han puesto comercio. ¿Cómo acabar con todo ello? Difícil, casi imposible.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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