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TRIBUNA

De Calvo a Huerta

lunes 11 de junio de 2018, 20:16h

No lo puedo remediar. Tengo que escribir sobre el Ministerio de Cultura. Ya sé que no se llama así, pero dejemos para mejor ocasión lo del Deporte. Desconozco las cualidades que el nuevo ministro de Cultura tiene para desempeñar el cargo. Pero no creo que lo haga peor que otros que le han precedido al frente de la cosa. El último Secretario de Estado de Cultura, por ejemplo, fue tan discreto que apenas hay gente que recuerde su nombre. Quizá lo hizo bien, pero me temo lo peor… Lo único cierto es que los gobiernos de la derecha y de la izquierda, salvo cortos períodos de excepción, han tenido este Ministerio como una cosa menor y de relleno. Hubo épocas que este ministerio tenía mucho dinero y lo repartía a manos llenas entre los turiferarios del poder, pero ahora, que los Presupuestos son escasos, tendrán que llenar el hueco con imaginación. O sea más de lo mismo: sangre, sudor y lágrimas. Por lo tanto, me conformo con que, al final de su mandato, el nuevo ministro haya desprestigiado un poco menos que sus predecesores la cultura española. No le resultará difícil conseguirlo, si se toma en serio que este ministerio es, hoy, más que nunca, fundamental para mantener la continuidad de España como Nación.

Sí, el actual ministro de Cultura lo tiene difícil, pero por fortuna para él no tendrá que romper el Archivo Histórico Nacional (de Salamanca), porque ya está roto. Tampoco creo que se ausente de su puesto más de cinco semanas, como hizo una persona que le precedió en el cargo, porque tiene pinta de ser un hombre trabajador. Espero que en su política de nombramientos siga a su compañero Borrell, quien antes de nada ha ratificado como Jefe de Gabinete al funcionario que tenía el señor Dastin; aunque no hace falta tomárselo al pie de la letra lo de Borrell, espero que Huerta no nombre al frente de la Biblioteca Nacional a alguien que quiera quitar de la entrada, como ya se intentó en el pasado, al mayor humanista de España del siglo XIX y parte del XX: don Marcelino Menéndez Pelayo.

Ya digo, es suficiente un poquito de cabeza para no quedar peor que los anteriores ministros de Cultura. Basta tener un poco de coraje civil y un poco de imaginación para no volver caer en las viejas tropelías que algunos ministros de Cultura inflingieron a todos los españoles.

Pero hay algo peor que los “ministros de Cultura” son sus aduladores. Están por todas partes. Ahí sí que tendrá que ponerse en guardia el señor Huerta. Hágase fuerte, amigo, contra esa marabunta. O sea, irrítese menos con la vulgaridad, que siempre tiene un tener, que con sus defensores. No caiga, pues, en lo que fue parte de su vida anterior a la actual: crítica de la vulgaridad.

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