Gracias, América Latina
sábado 19 de julio de 2008, 21:12h
Si no fuera por la inversión directa española en América Latina, el estado de salud de muchas empresas españolas sería mucho peor. Gracias a esta inversión acumulada –de unos 114.000 millones de euros en 2007, lo que convierte España en el segundo inversor en la zona detrás de Estados Unidos– y la consecuente diversificación de riesgo, bastantes de las más importantes empresas y bancos españoles, y también pequeñas, en vez de sufrir fuertes bajadas este año en sus beneficios los van a incrementar. Como dice José Luis Rodríguez Zapatero en su prólogo al libro “La Gran Apuesta: Globalización y Multinacionales Españolas en América Latina” (Granica), el balance de esta actividad es “netamente positiva, tanto para las empresas inversoras, como para el desarrollo de los países receptores de la inversión.”
Bajo el editor del libro, Ramón Casilda Béjar, las mayores protagonistas en América Latina, tales como Santander, BBVA, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, Indra, Mapfre, Repsol, Telefónica y Unión Fenosa explican muchas veces por boca de sus máximos responsables su presencia en la región. Hay también un análisis institucional. Ya son más de 4.000 las empresas españolas con inversiones en todo el mundo.
Sin este esfuerzo inversor en América Latina, estas empresas nunca hubieran llegado a ser multinacionales y hubieran quedado como meras empresas locales. América Latina fue el mercado natural para la primera etapa de la internacionalización de la empresa española (la segunda en Europa y la tercera, hasta ahora modesta, en Asia), dado el idioma en común y los lazos culturales y históricos que, entre otras cosas, hacen más fácil introducir cambios en el estilo de gestión. Estas empresas lograron ganar cuota de mercado con un coste notablemente inferior al que hubieran tenido que pagar en los mercados maduros europeos, algo particularmente importante para los bancos Santander y BBVA, quienes dominan el sector bancario de América Latina.
Las cuentas de las empresas españoles ya están notando el impacto del menor crecimiento económico y el ajuste del cinturón de los consumidores. Esto está siendo compensado, con mayor o menor éxito, por actividades en América Latina. Por ejemplo, en los primeros seis meses de este año América Latina aportó para el Grupo Santander casi la misma proporción de beneficio atribuido que Banesto y la Red Santander en España. En el año 2007, un 30 por ciento de la facturación de las empresas del Ibex 35, el principal índice de la Bolsa de Madrid, procede del exterior, excluidos los países de la Unión Europea. La mayor parte de dichos ingresos proceden de países latinoamericanos. Esta nueva “plata” de las antiguas colonias (todos menos Brasil fueron) está siendo mejor empleado que en el pasado.
Toda inversión tiene sus riesgos, grandes en América Latina por ser una región estigmatizada. Tal y como señala Felipe Fernández-Armesto en su libro sobre las Américas publicado hace cinco años, a través de una serie de palabras desgraciadamente célebres: junta, pronunciamiento, cacique, guerrilla, cártel, caudillismo. Pero es que América Latina está cambiando mucho, reforzando la apuesta de las empresas españolas allí. En 2008 se van a completar seis años de crecimiento sostenido, acumulando un aumento del producto per cápita del 20 por ciento, hay un incipiente desarrollo de una clase social media en muchos países y la democracia esta implantado en la mayoría de países. Desde 2004 la tasa media de avance del PIB ha sido del 5,3 por ciento, casi el doble del ritmo registrado en los 15 años precedentes. Llama la atención el escaso impacto que la crisis financiera internacional ha tenido en los países emergentes de América Latina.
A diferencia de otros episodios de crisis, no se ha producido una huída generalizada de capitales de estos países, lo que pone de manifiesto la solidez de sus fundamentos económicos y la mayor confianza que despiertan sus economías tras la puesta en práctica de políticas macroeconómicas ortodoxas orientadas a la estabilidad. Además, muchos de estos países se están beneficiando de los elevados precios de las materias primas. Brasil, en particular. La famosa frase de “Brasil es el país del futuro y siempre lo será” no se oye tanto como antes.
Las empresas españolas están creando riqueza en América Latina (a la izquierda le cuesta reconocerlo) y modernizando el tejido empresarial. Con una parte muy significativa de su sistema financiero en manos de bancos españoles (supervisados por el muy prudente Banco de España, y gracias a lo cual, en parte, los bancos españoles no han sido golpeados por la crisis internacional de liquidez), es muy poco probable que los bancos cuyas casas matrices ya están en Madrid sufrieran los tipos de crisis que han tenido en el pasado. No hay economía fuerte y sostenible sin un sistema bancario solvente, y el sistema en América Latina está mucho más sano hoy que hace 10 años. Pero aún existen en la región 200 millones de pobres, de los cuales 70 millones viven en la indigencia.
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Escritor
WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano
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