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TRIBUNA

México quiere aburrirse

Diana Plaza Martín
sábado 30 de junio de 2018, 20:46h

México tiene miedo de que gane Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y de que pierda. México teme que su proceso electoral no sea justo y limpio, a pesar de que posee la democracia más cara del mundo con instituciones autónomas que la organizan y la fiscalizan. México tiene miedo de viajar en carretera por la noche, de subirse a un taxi o a un autobús en depende qué zonas y horarios. Tiene miedo de quedarse sin empleo, de llegar a la jubilación, de ponerse enfermo, sabedor de que la cobertura social es insuficiente o inexistente dependiendo del caso.

Pero aún así, en México, uno de sus reconocidos intelectuales, el antropólogo Roger Bartra opina en entrevista al diario El País, que “hay sectores de la población que quieren patear el avispero porque están aburridos”; Que van a votar por AMLO porque “la democracia es aburrida y un poco de agitación política, de emoción, aunque se ponga en peligro al país” no viene mal. Es más, esos “sectores intelectuales, de la clase media” estarían “atraídos por el peligro para huir del tedio” que les ofrece el candidato de MORENA.

Esos mismos sectores viven en un país en el que las cifras de violencia del último sexenio no cesan de cumplir récords, el pasado enero fue el mes más violento de la historia con 2500 asesinatos, lo que supone 82 al día y entre 3 y 4 por hora. Repunte que también han sufrido los feminicidios y lo más preocupante de cara a este Domingo, las inéditas cifras de violencia política, las cuales según el sexto informe de violencia política de la consultora Etellekt ascenderían a 133, cifras que el Instituto Nacional Electoral rebaja a 122.

En este contexto, no logro comprender como alguien puede decir que el sentido del voto en el país se va a decidir por la atracción del peligro y la necesidad de huir del tedio. Esa postura no sólo me resulta insólita, sino que me parece profundamente cínica e irresponsable.

Según Bartra, a López Obrador hay que tenerle miedo porque representa el regreso al autoritarismo del Partido Revolucionario Institucional, es decir, del partido que construyó la cultura política y la institucionalidad del país en un gobierno ininterrumpido de setenta años (1929-2000) y del que Obrador formó parte durante doce (1976-1989).

La construcción del estado del gobierno priista estuvo caracterizada por una fuerte corporativismo que bajo el paraguas del nacionalismo revolucionario, o del nacionalismo sin más, cobijaba a todos los espectros de la población que conseguían organizarse y politizar sus demandas. De esa forma, el país fue avanzando sin escuchar demasiado a todos aquellos sectores que no conseguían ser lo suficientemente fuertes para hacerse oír, o aplastándolos cuando alguna de sus demandas ponían en peligro el orden establecido, como sería el caso de la matanza del 2 de octubre de 1968 en la plaza de Tlatelolco, o mediante el uso sistemáticos de la desaparición forzada como medida disuasoria altamente practicado en estados pobres como Guerrero.

En este sentido, pareciera que la forma de aunar voluntades en términos corporativistas y no ideológicos o de clase de AMLO es lo que da miedo, ya que ese sistema es el ya aceptadamente definido con la famosa frase de Mario Vargas Llosa que en 1990 levantó ampollas: “la dictadura perfecta”. Un régimen que respeta los procesos de la democracia formal, las reglas del orden internacional, pero que al interior es profundamente intolerante.

Estaríamos entonces ante un escenario propio del realismo mágico, con el PRI “nuevo” en el poder, el miedo sería ante el regreso del PRI “viejo” representado por el candidato y partido que se dicen ser todo lo contrario. En este sentido, es muy importante tener en cuenta que México, a diferencia de la gran mayoría de países de la región no sufrió una dictadura cívico-militar en las décadas de los 60 y 70, ni periodos de fuerte inestabilidad en la que los presidentes podían cambiar hasta en cuestión de días, sino que vivió momento de altísima violencia política con gobiernos elegidos democráticamente en las urnas y que se cambiaban religiosamente cada seis años.

Es un país que, a pesar de tener en el pasado y en el presente altos índices de violencia, ve como su mecanismo de renovación de cargos se mantiene incólume. ¿Será a este tipo de tedio que se refiera el académico Bartra? Esto es ¿a que a a pesar de que en la historia del país y particularmente del último sexenio, ha habido casos tan desoladores para la sociedad como la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, el cambio de gobierno se realiza de forma pacífica y nadie parece tener que asumir responsabilidades ni por esos 43, ni por ninguna de las cifras antes dadas? Si es en ese sentido, entonces comprendo al tedio al que se refiere y lo suscribo. Si no se refiere a eso, creo que en México una gran parte de la población no le importaría aburrirse en el trayecto del autobús en lugar de ir atento por si algo raro sucede o en su vejez porque no tiene nada que hacer para tener una vida digna.

Ojalá que la opción que resulte de las urnas el lunes nos permita aburrirnos un poco más.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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