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ORIENT EXPRESS

De nuevo sobre nacionalismo y fútbol

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 08 de julio de 2018, 19:43h

El Mundial de Rusia 2018 está brindando algunos ejemplos interesantísimos de cómo puede politizarse una competición deportiva. Si es futbol es el deporte rey, también se trata del mayor escaparate del mundo. Lo que sucede en los 90 minutos de juego y, como en el partido del sábado pasado, en la tanda de penaltis goza de una atención planetaria. Como todo fenómeno de masas, se presta para la propaganda y la agitación.

Por eso, cuando el defensa croata Domagoj Vida celebró su segundo gol contra Rusia exclamando “¡gloria a Ucrania!” abrió la caja de los truenos. El jugador hizo suya la fórmula que los nacionalistas ucranianos suelen corear. Es parte del lema del partido de extrema derecha Pravy Sektor: “gloria a Ucrania, a los héroes gloria, muerte a los enemigos”.

Sin embargo, la frase tiene una historia más antigua. Se popularizó como saludo allá por la década de 1920 mientras el Imperio de los Zares de descomponía tras la Revolución de 1917. Algunos cuentan que surgió en las filas del Regimiento Negro de Caballería de Zaporiyia y que se respondía diciendo “¡gloria a Ucrania!, ¡gloria al atamán!”, es decir, al jefe militar cosaco. Otros dicen que surgió entre los partisanos de Kholodny Yar y que su respuesta era “¡gloria a Ucrania!”.

Allá por 1930, la Organización de Nacionalistas Ucranianos y el Ejército Insurgente Ucraniano, que combatían contra las tropas soviéticas, empezaron a responder con otras palabras: “¡gloria a los héroes!”. El saludo fue ilegal durante el periodo soviético y, tras la revuelta de Maidán, ha cobrado nueva vida como símbolo del nacionalismo ucraniano.

Es interesante advertir, por otra parte, que una fórmula similar aparece, por ejemplo, en la letra oficial del himno de Ucrania, que comienza con unas palabras muy conmovedoras: “Aún no ha muerto la gloria ni la libertad de Ucrania”. El himno se modificó en 2003 y empezaba de forma parecida: “La libertad de Ucrania no ha perecido, ni su gloria”.

Domagoj Vida jugó en el Dínamo de Kiev entre 2013 y 2017. Es posible que simpatice con Ucrania en el actual conflicto que sufre el país tanto en relación a Crimea como a la región de Dombas. Ahora bien, ya no juega en ese equipo -ahora lo hace en un equipo turco- y este partido era de la selección de Croacia y nada menos que en el Mundial de Rusia. Uno podría plantearse si realmente era necesario celebrar el gol de esa forma.

Imaginemos que hubiese sucedido a la inversa y que un jugador ruso hubiese celebrado un gol gritando en favor de los rebeldes de Dombas o de los rusos de Crimea. No creo exagerar si digo que hubiese habido un escándalo monumental. No digamos nada si lo hubiese hecho -ya puestos- un serbio recordando que Kósovo es Serbia. Por lo pronto, algo parecido es lo que hicieron los dos jugadores suizos de origen albanes que celebraron los goles contra Serbia imitando con las manos el águila de la bandera de Albania. En todos estos casos, el fútbol se hubiese convertido en una tribuna política como de hecho sucedió con los dos suizos de origen albanés de Kósovo que reivindicaban un símbolo albanés de Albania.

Por este camino, vamos mal. El fútbol -y, en general, el deporte- debería servir para superar los conflictos, no para exacerbarlos. Su uso político es peligrosísimo y puede terminar derivando en una violencia que después todos se apresuran a condenar. Este jugador, que lucía la camiseta croata, no debería haberse servido de ella para politizar ese gol y ese partido.

Buena parte de la Historia de Europa -y quizás del resto del mundo- puede verse desde las rivalidades entre los clubes deportivos. Ahí está la historia triste pero bellísima de la amistad entre Dražen Petrović y Vlade Divac o la épica lucha de la selección húngara de waterpolo contra la soviética en los juegos olímpicos de 1956 con la Revolución Húngara al fondo. Sin embargo, esto no debería llevarnos a confundir deporte y política.

Juanma Rodríguez cita de vez en cuando un diálogo magnífico de El Mejor, la película de Robert Redford. Me refiero a la escena en que Harriet Bird (Barbara Hershey) le dice a Roy Hobbs (Robert Redford) que "Homero murió hace mucho tiempo. Escribía sobre dioses y sobre héroes y, si hoy hubiera estado aquí, habría escrito sobre béisbol". Hoy se admira a los deportistas como antaño se admiraba a los gladiadores y a los aurigas. Sin embargo, esa admiración impone sobre los deportistas la responsabilidad de estar a la altura que el momento y la posición exigen.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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