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EDITORIAL

Sánchez-Torra, el diálogo trampa

lunes 09 de julio de 2018, 15:22h

Pedro Sánchez y Quim Torra han logrado lo que querían: hacerse la foto, reunirse en La Moncloa para poner en evidencia a Rajoy y presumir de dialogantes. También a los dos les interesaba el encuentro para desatascar, aunque solo sea aparentemente, la situación de enfrentamiento entre la Presidencia de la nación y la Generalidad.

Pedro Sánchez, que nunca debió reunirse con el “racista” que quiere destruir España, esperaba a Quim Torra con el zurrón lleno de regalos para aplacar sus iras secesionistas: reforzar millonariamente las inversiones en Cataluña y estudiar, o ceder, más transferencias. Y el presidente de la Generalidad, como había anunciado a los cuatro vientos, puso encima de la mesa su voluntad de “cumplir el mandato del 1-O” o, en su defecto, pactar un referéndum de autodeterminación.

Tampoco el presidente del Gobierno se salió del guión previsto y rechazó tal posibilidad por inconstitucional, pero se explayó en las bondades de su teoría de la España federal para convencer a Torra de que con una reforma “ad hoc” de la Constitución, Cataluña alcanzaría toda la autodeterminación posible. A Pedro Sánchez se le olvidó confesar que esa reforma de la Carta Magna nunca saldrá adelante con la composición actual del Parlamento español. Y es más que probable que jamás obtenga los dos tercios imprescindibles de los escaños del Congreso de los Diputados.

Pero tanto uno como otro aparecían muy ufanos tras su larga entrevista. Se sospecha que han sido muchas más las cesiones de Sánchez, aunque de momento se desconocen. No en vano, los separatistas son uno de los principales socios parlamentarios del Gobierno tanto en la moción de censura como en el asalto a RTVE. El encuentro monclovita, en fin, no ha resuelto ni de lejos el gravísimo conflicto. Quizás sirva para que se abra una tregua momentánea, que Pedro Sánchez aprovechará electoralmente, como todo lo que hace, y que Quim Torra utilizará para intentar camuflar la fama de racista y antiespañol que se ha ganado a pulso.

Pero a nadie se le escapa que la marioneta de Puigdemont, después de sonreír a Pedro Sánchez, seguirá trabajando para aniquilar la democracia española y lograr su utópica e imposible República independiente. Pero ambos presumirán de su voluntad de diálogo. No como Rajoy.

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