Si se levantara la piel del ciudadano medio español, se encontraría escrito sobre la carne viva el testimonio de...
Si se levantara la piel del ciudadano medio español, se encontraría escrito sobre la carne viva el testimonio de profunda admiración por Pablo Llarena y su independencia al administrar la Justicia. El Gobierno de Pedro Sánchez, sin embargo, tal vez a causa de los acuerdos enmascarados con los secesionistas catalanes para garantizar sus votos en la moción de censura, ha reaccionado con indecente tibieza.
Pablo Llarena es un ejemplo para todos. En medio de las concesiones, las claudicaciones y las estupideces en el tratamiento de la crisis catalana, primero con Mariano Rajoy, ahora más acusadamente con Pedro Sánchez, el magistrado ha demostrado valor personal, entereza, conocimiento profundo de la ley y decisión al aplicarla. Los secesionistas catalanes, los autores de un intento de golpe de Estado, han encontrado en él la resistencia al gravísimo delito que presuntamente han cometido.
Pedro Sánchez cerdea en lo que es su evidente obligación: poner todos los medios del Estado a disposición del juez para defenderle de la añagaza jurídica con la que el expresidente felón Carlos Puigdemont pretende en Bruselas paralizar la acción de Pablo Llarena.
La inmensa mayoría de la opinión pública se muestra indignada ante la tibieza de Pedro Sánchez. “Todos con Llarena”, es la respuesta de los españoles que admiran a un magistrado ejemplar y que han asistido con estupefacción a los escraches, a la persecución de él y su familia en Cataluña, a los desafíos secesionistas y a la violencia contra el Estado de Derecho. Todos con Llarena. El juez puede estar seguro de que cuenta con el apoyo del pueblo español en la admirable labor que está llevando a cabo para que los responsables del gravísimo delito de perpetrar un golpe de Estado no se vayan de rositas, amparados en las componendas políticas de un dirigente que ha supeditado el interés general al suyo personal de escalar la Moncloa.