A Pedro Sánchez no le ha quedado otro remedio que rectificar. Después de anunciar a bombo y platillo que el Gobierno...
A Pedro Sánchez no le ha quedado otro remedio que rectificar. Después de anunciar a bombo y platillo que el Gobierno dejaría en la estacada a Pablo Llarena, la presión de la calle, de algunos medios de comunicación y de las agrupaciones jurídicas han obligado al presidente del Gobierno a envainarse su decisión y su política, inspirada por el temor a que los secesionistas catalanes le retiren su apoyo en el Congreso de los Diputados.
Confiemos en que el Gobierno ejercerá el amparo al juez con decisión y sin tibieza. Los intereses de permanencia en Moncloa de Sánchez no pueden prevalecer sobre los de la Justicia española. El pasado viernes publiqué en esta misma sección de El Imparcial un artículo titulado Todos con Llarena que repercutió ampliamente en las redes sociales. Lo reproduzco a continuación para recordatorio de los lectores.
“Si se levantara la piel del ciudadano medio español, se encontraría escrito sobre la carne viva el testimonio de profunda admiración por Pablo Llarena y su independencia al administrar la Justicia. El Gobierno de Pedro Sánchez, sin embargo, tal vez a causa de los acuerdos enmascarados con los secesionistas catalanes para garantizar sus votos en la moción de censura, ha reaccionado con indecente tibieza.
Pablo Llarena es un ejemplo para todos. En medio de las concesiones, las claudicaciones y las estupideces en el tratamiento de la crisis catalana, primero con Mariano Rajoy, ahora más acusadamente con Pedro Sánchez, el magistrado ha demostrado valor personal, entereza, conocimiento profundo de la ley y decisión al aplicarla. Los secesionistas catalanes, los autores de un intento de golpe de Estado, han encontrado en él la resistencia al gravísimo delito que presuntamente han cometido.
Pedro Sánchez cerdea en lo que es su evidente obligación: poner todos los medios del Estado a disposición del juez para defenderle de la añagaza jurídica con la que el expresidente felón Carlos Puigdemont pretende en Bruselas paralizar la acción de Pablo Llarena.
La inmensa mayoría de la opinión pública se muestra indignada ante la tibieza de Pedro Sánchez. “Todos con Llarena”, es la respuesta de los españoles que admiran a un magistrado ejemplar y que han asistido con estupefacción a los escraches, a la persecución de él y su familia en Cataluña, a los desafíos secesionistas y a la violencia contra el Estado de Derecho. Todos con Llarena. El juez puede estar seguro de que cuenta con el apoyo del pueblo español en la admirable labor que está llevando a cabo para que los responsables del gravísimo delito de perpetrar un golpe de Estado no se vayan de rositas, amparados en las componendas políticas de un dirigente que ha supeditado el interés general al suyo personal de escalar la Moncloa.”
Hasta aquí lo publicado en Al aire libre la semana pasada. En lugar de sarcasmos, quiero dedicar palabras de satisfacción a la rectificación del Gobierno. España no se puede dejar ganar la partida jurídica europea por un expresidente felón que se mofa de Pedro Sánchez, al que tiene cautivo con un puñado de diputados, plato de lentejas de la mediocre y lamentable política que padecemos.