La ya conocida como “política de apaciguamiento” de Pedro Sánchez, es decir, mirar hacia otro lado con las amenazas del separatismo catalán, no está consiguendo, precisamente, ningún tipo de paz.
El presidente del Gobierno está jugando con fuego. Pero con fuego real. Imagino que lo sabe y no le importa. Su inacción o, más concisamente, su política para no enfadar a una parte minoritaria de españoles en Cataluña con los que espera alargar su gobierno temporal, anima a esa sensación de impunidad tanto en radicales independentistas en las calles como en los propios cargos electos del separatismo con su violencia verbal explícita diaria.
Ya ha habido enfrentamientos y agresiones entre ciudadanos. A unos les pegan por retirar lazos amarillos y cruces de las playas. Otros agreden porque se los quitan. Con la tolerancia de los que gobiernan y de los encargados de velar por la paz y el orden y con los ánimos tan a flor de piel por estos consentimientos injustos era lógico suponer que la confrontación física llegaría y que solo era cuestión de tiempo. ¿Alguien duda de que habrá más?
Lógicamente, no es lo deseable. La mayoría queremos paz, pero la “política de bandazos” de Pedro Sánchez, que un día dice ‘sí’ y al siguiente lo contrario, junto a la de “apaciguamiento”, no deja contento a nadie y está generando desamparo a unos, engaño a otros y frustración a todos.
Y digo yo: ¿Están protegidos los catalanes que retiran lazos amarillos de las agresiones, amenazas y coacciones de los independentistas o, además de una paliza, solo puede contar con los Mossos para sancionarles con cuantiosas multas por daños al mobiliario público? ¿Dónde está el Gobierno de España? ¿Cuántas narices más tienen que romper los independentistas, ya conocidos como “lazys”, para que se haga algo?
Es como permitirle a un niño pequeño todos sus caprichos para que no llore y patalee y te monte un espectáculo. Al final, como sabe todo el mundo, te encuentras con el problema multiplicado. Los separatistas es lo que van a hacer. Ya no se fían de Sánchez y preparan una nueva declaración de independencia y un “otoño caliente” de movilizaciones.
¿Está preparado el presidente y su política de imagen milimétricamente estudiada? Pues a buen seguro que está en ello. El problema es que el resto de españoles ya sabemos de su irresponsabilidad por unos votos en el Congreso y es difícil darle la vuelta a eso electoralmente. Más preocupante resulta la ocurrencia, una más, que esté preparando Sánchez y su equipo de mercadotecnia propagandística para salir de este embrollo.
Lo deseable sería que el jefe del Ejecutivo, el responsable de todos los españoles (de todos) no ayudara en el fomento del enfrentamiento entre ciudadanos. Pero como todo apunta, los intereses de España y los de su presidente no son los mismos. De momento no parece que esté dando pasos en la dirección de solucionar el conflicto. Más bien todo lo contrario.
No es nada raro que ya se pida un adelanto electoral.