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impacto medioambiental y sanitario

Los "vertidos" de antibióticos hacen resistentes algunas enfermedades

miércoles 23 de julio de 2008, 12:51h
Los científicos saben que la utilización de antibióticos en la producción agrícola, ganadera y piscícola puede volver, de forma indirecta, algunos patógenos inmunes a los medicamentos. Los fármacos que llegan a los ríos a través de los desagües de las casas también tienen buena parte de culpa de un problema que puede acarrear serios inconvenientes a la hora de erradicar enfermedades infecciosas.

José Luis Martínez, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC) advierte, en un artículo publicado en el último número de “Science”, del grave impacto que para el ser humano tienen las consecuencias de esta práctica. “La mayoría de los estudios sobre resistencias a antibióticos se centran en ambientes clínicos y hospitalarios”, asegura. “Sin embargo, muchos antibióticos contra infecciones humanas los producen microorganismos presentes de forma natural en el medio ambiente”.

Según informa el CSIC, en la naturaleza, los antibióticos tienen como finalidad eliminar microorganismos competidores. Cuando un antibiótico de laboratorio llega al medio natural a través de un río, por ejemplo, puede transferir los genes llamados de resistencia a los patógenos contra los que se supone que protege, mediante un proceso de trasferencia celular. Es el caso de los genes de la familia “Qnr”, que se encuentran en el cromosoma de algunas bacterias con hábitat acuático.

Algunos patógenos humanos han adquirido dicho gen porque éste se integró en unos elementos de ADN, llamados plásmidos, que son capaces de transferirse entre bacterias de distintas especies. En los patógenos de enfermedades humanas, los “Qnr” confieren resistencia a las quinolonas, una familia de antibióticos de amplio espectro que se emplean en el tratamiento de diversas infecciones.

“Trabajos recientes han mostrado que la contaminación de ríos con quinolonas favorece el paso de los genes 'Qnr' de los cromosomas bacterianos a plásmidos, incrementando por tanto la población de elementos genéticos transferibles que contienen 'Qnr'. Este fenómeno podría favorecer el primer paso de la transferencia de dichos genes a los patógenos humanos”, afirma el investigador.

Como los antibióticos también están implicados en procesos de señalización intercelular, una proteína implicada en el metabolismo microbiano podría actuar como elemento de resistencia si su estructura es semejante a la de un antibiótico, aunque en el microorganismo original su función sea otra. “Tanto los antibióticos como los genes de resistencia se originan en ambientes naturales, por lo que la comunidad científica debería analizar si la acción humana incrementa la población de bacterias resistentes a los antibióticos y facilita que transfieran esas resistencias a patógenos humanos”.

“El ejemplo más claro de este fenómeno es la contaminación del ambiente por los propios antibióticos. En la actualidad, estos fármacos se usan masivamente, no sólo para el tratamiento de infecciones humanas, sino también en agricultura, ganadería y acuicultura con la posibilidad de que grandes cantidades de dichos compuestos lleguen a los hábitats naturales y produzcan cambios en las poblaciones microbianas con influencia posterior en la salud humana”, aclara el científico.

El incremento de la población en el planeta, acompañado de la falta de métodos eficientes para tratar las aguas residuales, también puede favorecer que las resistencias presentes en la naturaleza lleguen a las enfermedades humanas. Martínez amplía esta idea: “Las bacterias resistentes tienen que convivir con los patógenos humanos para poder transferirles dichas resistencias. El vertido de aguas residuales, conteniendo bacterias humanas, a ecosistemas naturales podría favorecer dicha transferencia”.

Las bacterias poco sensibles a los antibióticos, como las responsables de las llamadas infecciones oportunistas de hospital -Pseudomonas aeruginosa, Acinetobacter baumannii- “presentan una gran versatilidad metabólica que les permite colonizar diferentes hábitats, degradar fármacos y resistir la acción de tóxicos que puedan encontrar en los distintos ecosistemas. Esta multirresistencia les sirve también para resistir la acción de los antibióticos en la clínica”, explica el investigador del CSIC.