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ORIENT EXPRESS

La eficacia de la violencia

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 30 de septiembre de 2018, 19:02h

Este fin de semana hemos podido contemplar las terribles imágenes del acoso a los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil que se manifestaban en Barcelona en reivindicación de equiparación salarias con los Mossos d´Esquadra y la Ertzaintza y en homenaje a los funcionarios desplegados en Barcelona hace ahora un año.

El nacionalismo catalán jamás ha sido pacífico ni democrático. Sólo ha recurrido a las instituciones cuando le convenía dentro una estrategia general que ha mantenido impasible durante más de cuatro décadas: debilitar al Estado y avanzar hacia una Cataluña separada de España. La violencia que hemos visto en este último año -continuación de la que en el pasado ejercieron organizaciones terroristas como Terra Lliure y el Front d´Alliberament Catalá- deberían servir para que todos sepan qué les cabría esperar en una Cataluña escindida de España. A medida que Arrán, los Comités de Defensa de la República y las restantes organizaciones de la galaxia independentista ganen el control de la calle, el miedo se irá extendiendo por Cataluña. El nacionalismo catalán no condena la violencia: se limita a gestionarla.

No debe minusvalorarse el poder político del miedo, la agresión y el linchamiento. Si se combina con la propaganda victimista que el nacionalismo catalán lleva décadas difundiendo, sus resultados pueden ser terroríficos. Ya hemos visto algunos de sus efectos en las campañas de descrédito y noticias falsas que lanzaron contra España tras el 1 de octubre. Por desgracia, a la legión de publicistas, realizadores audiovisuales y propagandistas que despliega el nacionalismo catalán, el gobierno de España se limitó a responder con legiones de abogados, juristas y fiscales. Esto no está mal, pero es insuficiente. A la vista están los resultados.

En “Los orígenes del totalitarismo”, Hannah Arendt advirtió del uso que los totalitarios hacen de la violencia “en las etapas iniciales, cuando la oposición todavía existe”. Sin ella, pongamos por ejemplo, los nazis no hubiesen logrado neutralizar a los comunistas ni a los socialdemócratas ni, en general, a todos aquellos que se les oponían. La paliza, el hostigamiento y el señalamiento son sólo algunas de las tácticas que sirven a sus fines.

Por supuesto, uno puede limitarse a “condenarlas” y calmar su conciencia pensando que “la violencia sólo descalifica a quien la ejecuta”, pero por desgracia esto no es siempre cierto. Por lo pronto, intimida a quienes no quieren sufrirla y despeja el espacio público para quienes la ejercen. Pone el instinto de supervivencia de los pacíficos al servicio de los violentos.

Por otro lado, los nacionalistas tienen a su disposición numerosos recursos propagandísticos: televisiones, radios, periódicos, etc. La debilidad del Estado en su respuesta ha sido tal que ha dejado en sus manos un aparato de comunicación que continúan empleando contra España.

Así, en esta situación, la violencia sirve sin duda a los nacionalistas. Todo lo que no sea enfrentarse a ella con la máxima firmeza es una debilidad que va en su beneficio y, por lo tanto, en perjuicio de toda España y de la mayoría de los catalanes que no son independentistas.

Es cierto que los nacionalistas están divididos, pero a todas sus facciones las une el odio a España y ese pegamento puede ser muy fuerte. Por lo pronto, un año después del 1-O, a los policías y los guardias civiles vuelven a hostigarlos en Cataluña. ¿Qué le cabe esperar, pues, a cualquier ciudadano?

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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