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LETRAS DESDE MÉXICO

Carcajada o pánico

sábado 03 de noviembre de 2018, 19:11h

Los recientes acontecimientos en la vida mexicana son para la carcajada o el pánico.

Después de un cuarto de siglo de costosos estudios, proyectos, selección de terrenos, conflictos sociales estimulados por los opositores a los gobiernos del 2000 para acá y de gozarse en aquello llamado por el poeta en la dicha inicua de perder el tiempo, por fin se inició la construcción de un gran aeropuerto metropolitano, necesarísimo para un país cuyos ingresos por turismo superan a la decaída industria petrolera nacional.

Y cuando la obra iba por el treinta por ciento, llega a la presidencia del país, un ocurrente político populista experto en agitar a las masas (lo hizo durante los últimos 25 años o poco más), y derriba el proyecto en marcha.

Tira a la basura una inversión de 120 mil millones de pesos, se echa encima deudas por otro tanto y busca una solución inexplicable con los remiendos aun no definidos al viejo aeropuerto de la ciudad capital, el acondicionamiento de una base militar, sin terminal de pasajeros ni nada y el uso intensivo (por decreto), de otro aeropuerto a 70 kilómetros de distancia y casi a tres mil, metros de altura, para fatiga de aviones y helicópteros, sin conexión entre ninguna de las terminales, sin conectividad, sin instalaciones complementarias.

-¿Cómo se llama este sainete digno de Carlos Arniches?

Se llama “Cuarta transformación, combate a la corrupción o regeneración nacional”. Cualquier cosa es buena.

Y tras eso se alza el dólar, se preocupan las calificadoras y se sacude la bolsa. Los empresarios chillan, los periodistas se quejan con timidez y las cosas poco a poco vuelven a la calma. El desastre ya está en la puerta.

Pero lo más notable no es la decisión. Eso ya formaba parte del catálogo de ofertas y promesas durante la campaña electoral. Lo notable es haberlo hecho mediante una consulta organizada por el propio partido ganador de las elecciones, el cual arrasó con las urnas y le dio al actual gobierno el santo, la limosna y hasta la capilla.

La transferencia de la responsabilidad (la decisión anunciada tras la pantomima consultiva), es también la garantía de la no reclamación, porque al señor presidente electo, como a la mayoría de la gente (excepto a quienes gozan de una coraza impenetrable en el pellejo), la crítica le agravia y le agrede. No tolera las opiniones o las acciones adversas. Por eso, frente al imaginario o real acoso de la prensa “fifi”, él nos ofrece la defensa violenta (verbalmente violenta), de su consulta fofa.

Quizá este ter mino de prensa fifí nada le diga a los lectores de España, pero así es como el futuro presidente llama a quienes desde la oposición en los medios atacan a quien encarna los valores del “pueblo bueno”. Un señalamiento clasista, de todas todas, como le corresponde a un político cuyo lema ha sido siempre, “primero los pobres”.

Fifí es en México –como en España--, un mote dirigido a los estirados, a los lechuguinos, a los señoritingos, etc.

Y quien critica o censura o señala, pertenece a la prensa fifí.

Por eso, tras escuchar ayer la conferencia de prensa del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, con la cual celebró el triunfo de la consulta para abandonar la obra aeroportuaria de Texcoco, la muerte de la corrupción y el contratismo voraz, ante el advenimiento definitivo de la democracia participativa (sólo una parte decide todo), una cosa queda clara: no se trata ni de participación política, ni de aeronáutica.

La razón de fondo es imponer un nuevo sistema, Fuera de la tradición de unos cuantos en aprovechamiento de los bienes nacionales; del compadrazgo y el amiguismo. Contratismo voraz, le llamó el líder de la Cuarta Transformación.

Y esas condiciones dos cosas quedan un tanto oscuras, al menos para la escasa inteligencia de esta columna: ¿cómo se van a garantizar los intereses de quienes tiene contratos con el NAIM trasladando sus negocios –como ha ofrecido-- a Santa Lucía, donde se acondicionará un aeródromo militar?

Todo un misterio.

Si son corruptos, sus intereses no se deberían reconocer como legítimos, ni habría necesidad de remolcarlos al nuevo proyecto, pues alguna vez cabalgaron en el negro potro de la corruptela.

Pero ya los volvieron a invitar. Como dijo aquel en un juego de dominó cuando su compañero le hacía la contra:

-“Que me capen si entiendo”.

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