La visón que tiene la ministra de la educación del siglo XXI es un poco extraña. Para Isabel Celaá “la educación en el siglo XXI” consiste en retroceso a lo que es conocido como la fragmentación medieval. El Gobierno de España anunció un proyecto de la cesión completa de la educación a las autonomías. Las Propuestas para la modificación de la Ley Orgánica de Educación concede a los poderes locales la posibilidad de determinar la lengua en las que se imparten las materias. No podemos engañarnos, la circunstancia política ya no nos lo permite, que detrás de esta propuesta yace el proyecto de la fragmentación de España, convertida en un reino de caciques locales que en lo único en que avanzarán será en despreciar la nación, el Estado y a España.
Sin embargo, es menester reconocer que el actual gobierno, que se resiste con todas sus fuerzas a pasar por las urnas, es un mero seguidor de los gobiernos anteriores. Y no me refiero al del siniestro Zapatero. Me refiero a los gobiernos del señor Rajoy y las políticas educativas del PP; pocas veces en la historia de España se ha acertado tanto con la selección del sucesor como lo hizo Rajoy con Sánchez. Vemos, por ejemplo, qué sucede en las escuelas de Galicia, donde Alberto Nuñez Feijóo gobierna desde 2009. ¿Alguien ha comparado los planes gallegos con los de Cataluña? Con el sencillo ejercicio de abrir la página de los colegios gallegos, especialmente públicos, tenemos que apechugar con la lectura de la información en el dialecto local, el gallego. Una tarea fácil, pero molesta, sobre todo cuando ves que la opción “español” está ausente o bien escondida.
De esta manera, el papel de Sánchez se reduce a rematar lo poco que queda de la conciencia nacional. Como se ha visto por sus discursos y decisiones, poco le importa a Sánchez trastornar el funcionamiento de las instituciones y tergiversar las leyes, si el objetivo es mantenerse en el gobierno. Si no se hace la verdadera oposición a estos proyectos del gobierno de Sánchez, se cumplirá lo que decía Miguel de Unamuno en 1907: “si descentralizase en España la enseñanza, dejando a los Municipios, o siquiera a las regiones, o provincias, el proveer a ella, sufriría gravísima herida la causa de la cultura —de la cultura, no del patriotismo solamente—, y la sufriría hasta en las regiones que se creen más capacitadas para la autonomía pedagógica y probablemente más en estas que en las otras. Pueblo habría en que no se enseñara más que lo de “eso no me lo preguntéis a mi que soy ignorante…” y lo que sigue. Y nuestro órgano de cultura, la lengua, no ya nacional, sino internacional de España, sufriría rudo golpe.”