Chávez en Europa
viernes 25 de julio de 2008, 23:36h
Da la impresión de que el incidente de la última Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile, donde el Rey le espetó a Hugo Chávez el ya famoso “¿Por qué no te callas?”, ha quedado superado. Ello se desprende de la cordial acogida que han dispensado al mandatario venezolano Don Juan Carlos en Palma de Mallorca y Zapatero en Madrid, respectivamente. La cordialidad ha sido la nota dominante en ambos encuentros, y en el caso de la reunión entre ambos presidentes, se ha hablado además de asuntos tales como energía, comercio e inmigración. El mero hecho de que la agenda de un encuentro bilateral lo marquen los temas que ambas partes interesan, en lugar de la estridencia de alguno de sus participantes es de por sí una buena noticia.
En la Cumbre Iberoamericana, el Rey no hizo sino llamar al orden a una persona que estaba insultando gravemente a un ex-presidente del Gobierno español. Además, quien lo hacía era el máximo dignatario de una nación soberana en el ejercicio de sus funciones. Y una de las obligaciones de un cargo semejante es la del respeto institucional. De su reciente viaje a Europa, puede que éste sea uno de los aspectos en los que Chávez deba fijarse. Aquí hay libertad de prensa; no se cierran emisoras por el capricho de ningún mandatario, y los políticos encajan las críticas de mejor o peor modo, pero siempre respetando el derecho a opinar libremente. Y cuando se sobrepasa el límite, están los tribunales. Así funciona un Estado de Derecho. De todos modos, no hace falta venir a Europa para aprender lecciones de democracia. Sin ir más lejos, su vecino Uribe podría darle alguna. En Colombia, su labor ha sido criticada con dureza en determinados medios, y no por ello ha montado un show televisivo para lanzar invectivas a diestro y siniestro, ni ha clausurado ningún canal de televisión porque no le gustase su línea editorial.
Al menos, se ha dado un paso en la normalización de relaciones entre Caracas y Madrid; relaciones que, por otra parte, nunca fueron malas. Por encima de los políticos, están los ciudadanos, y la confluencia de intereses comunes entre venezolanos y españoles hace que sus respectivos gobiernos deban hacer lo posible para buscar un entendimiento provechoso para ambos. Es más lo que nos une que lo que nos separa. Pese a Chávez. Dicho lo cual, no es menos cierto que la diplomacia de Zapatero tiene que cuidar con quien se asocia, replantearse la política exterior de España en función de intereses, en lugar de caprichos, concertarla con el principal partido de la oposición y potenciarla de manera firme. No parece de recibo que un país que se encuentra entre las diez primeras potencias económicas del mundo tenga una presencia e influencia exterior tan irrelevante.