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Y DIGO YO

¿Feliz Navidad?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 25 de diciembre de 2018, 17:41h
Actualizado el: 25/12/2018 17:50h

No es por ser pesimista o negativo o aguafiestas, no es mi intención, pero ese noble deseo que desde hace unos días -y hasta pasados otros cuantos desde hoy- nos brindamos entre amigos, familiares y conocidos no es más que eso, un hábito, una costumbre. Nada más.

No digo que no se desee de verdad, que el sentimiento sea falso. Por supuesto, desde estas líneas yo les deseo a todos ustedes una muy feliz Navidad, unas fiestas felices y, desde luego, que este 2019 que está a punto de empezar sea mucho mejor que este 2018 que agoniza y que nosotros los periodistas podamos contarlo. Se lo deseo de corazón. Lo que digo es si realmente nos paramos a pensar si a esas personas a las que felicitamos, para las que ambicionamos felicidad estos días, de verdad van a ser felices.

No quiero entrar en un debate inocuo sobre el bien y el mal o la justicia y la injusticia en el mundo. Eso está ya muy trillado y, además, todo el mundo sabe que es injusto, teniendo en cuenta que existen tantas definiciones de justicia casi como personas con capacidad para definirla. El matiz que quiero aportar es el de esa felicidad que iba a ser tal y, por las causas que vengan al caso, finalmente no lo es.

Rápidamente se me viene a la mente la familia de Laura Luelmo como claro ejemplo de lo que hace unos días era una familia haciendo sus felices planes de Navidad y hoy no hay planes de ningún tipo. Pasa con los accidentes de tráfico o cualquier tipo de accidente que acaba de forma trágica. En dos días cambia todo. Para esas personas no hay consuelo, no hay “feliz navidad” que valga. Pero para los demás sí y estamos casi obligados a valorar y disfrutar y saborear cada minuto que pasemos con la familia y con los amigos.

Sé que son modas y también que la publicidad hace muy bien su trabajo para que hablemos de sus marcas, pero ¿no se han parado a pensar -tan solo un poco, no mucho más allá- por qué uno de los anuncios con más éxito de estas Navidades está siendo una bebida alcohólica de sobremesa que nos anima a “vernos más”, que prácticamente nos regaña porque no hacemos nada por ver más a los seres que llamamos queridos?

Si todos estamos de acuerdo en que los familiares y los amigos son las personas más importantes, ¿cómo es posible que no tengamos más tiempo para estar físicamente, esto subrayado, con ellos? ¿No es una contradicción, si decimos que es lo más importante, dedicar más tiempo a cosas menos importantes?

Pero también entristece otro de la compañía sueca de muebles más famosa del mundo que nos recomienda “desconectar para conectar”, en referencia a eso que todos sabemos ya de lo que nos pasa con los móviles y las redes sociales, y en el que una voz en off va poniendo en evidencia que sepamos cosas triviales y, sin embargo, no sepamos las cosas importantes que nos acercan a nuestros familiares más inmediatos. ¿Cómo es posible que una chica sepa dónde se conocieron “los Javis” y no tenga ni idea de dónde lo hicieron sus padres?

Cómo estará la sociedad, cómo estaremos las personas para que los sociólogos y publicistas de una compañía de telefonía te digan en otro anuncio de esos con calado que “no dejes que el móvil se siente a la mesa”. ¿Alguien se resiste a echar un vistazo al último “mensajito”, al último meme? Van muchos avisos, ¿no?

Como dicen, “a lo mejor hay algo que no estamos haciendo bien”. Aunque solo sea por respeto a los que no tienen esa suerte o por agradecer la gran fortuna que tenemos los que sí podemos disfrutar de verdad de una feliz Navidad, hagámoslo, disfrutemos.

Lo dicho, con mis mejores deseos, feliz Navidad.

Javier Cámara

Periodista

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