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LETRAS DESDE MÉXICO

Escepticismo y tiempo de canallas

domingo 30 de diciembre de 2018, 20:05h

En la víspera de la Navidad, en día de Nochebuena, la gobernadora de Puebla, Martha ´Érika Alonso; y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, ex gobernador de ese mismo estado, se mataron en un accidente aun no aclarado de helicóptero. Eso produjo un alud de especulaciones y hasta acusaciones en contra del gobierno. También de airadas defensas del Presidente López Obrador quien se lio a pedradas verbales contra los anónimos habitantes de las redes sociales. La plaga de las redes sociales, diría yo.

Pero a raíz de eso, sin prejuicio alguno se puede decir, el sexenio ya se manchó.

Imposible adjudicar culpas por un accidente cuyas causas se desconocen, pero difícil, también, olvidar el contexto de encono entre el gobierno federal y el estatal poblano.

Martha Erika Alonso, cuyo gobierno conyugal fue posible por las negociaciones internas en Acción Nacional, no fue una extensión del mandato de Rafael Moreno Valle (qepd), sino una concesión de Ricardo Anaya. Fue la solución para darle fluidez a la candidatura federal del PAN.

Pero esa maniobra fue impugnada políticamente desde el principio por Morena; Miguel Barbosa, su opositor electoral y abierto enemigo y el propio presidente (entonces) electo, López Obrador, quien dijo en agosto, antes del Tribunal Electoral: para nosotros el gobernador de Puebla, es Miguel Barbosa.

Y todavía, después del complejo proceso ya en el Tribunal Federal, la presidenta del TEPJF, Janina Otálora, con su voto, le dio el gobierno a Martha Erika Alonso, a quien el presidente le negó siquiera una visita “dadas las condiciones actuales”, según dijo.

Pues esas condiciones y esas actitudes; esas declaraciones y ese clima tenso –generado por Barbosa y Morena--, por el cual la desparecida gobernadora no pudo ni siquiera rendir juramento en el Congreso Local, se vuelven ahora como una ola de suspicacia. Inmerecida, quizá, pero existente.

A todas las críticas el presidente las calificó como obras neofascistas y de alta mezquindad, si la mezquindad tuviera alturas. Pero eso no fue todo. Cuando quiso suavizar las cosas el Ejecutivo las complicó más.

Habló de un tiempo de canallas.

“Tiempo de canallas”, le llamó Lillian Helmann a la época macartista de la persecución de conciencias en Estados Unidos (1947-54 a.c.), con pretexto del peligro comunista como amenaza real al estilo americano de vivir y consumir.

Su esposo, el gran Dashiel Hammet, perseguido y asediado, como ella, sintetizó no sólo la época, sino las invocaciones al patriotismo con las cuales los fascistas americanos se justificaban, con una frase inmortal: la patria es el escudo de los canallas.

Sobre aquella etapa la señora Hellman dijo:

“…La verdad lo convertía a uno en traidor, como a menudo sucede en tiempos de canallas…".

Hoy en México se ha escuchado (en otro contexto) la frase del tiempo y los canallas. No es una expresión nueva en boca del presidente. La usó en el año 2005 durante el intento de desafuero promovido por Vicente Fox.

Hoy, los sembradores de la discordia, de uno y otro lado, buscan una imposible reconciliación y con sus vituperios han descascarado la palabra unidad.

Si hubiera unidad, las redes sociales no se habrían convertido de benditas a malditas en unas pocas horas.

"…Yo entiendo que no les haya gustado lo que les dije a los que promueven el odio.

“A lo mejor no debí utilizar la palabra mezquino, que es pobreza, miseria de espíritu, según el diccionario, a lo mejor debí decir que son tiempos desgraciadamente de canallas, pero bueno, ese es un asunto de otro tipo…".

"…Decirle (s) a los conservadores, no a todos, porque no son todos, que vayan actuando de manera distinta también, que no hagan guerra sucia, que jueguen limpio…”.

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