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TRIBUNA

Tiempo para leer

Alejandro San Francisco
jueves 03 de enero de 2019, 20:06h

El fin de año ha llevado a muchos comentaristas y críticos a hacer sus respectivas listas sobre los mejores libros del año, en historia y literatura, en política y ensayo, en áreas tan diversas como son los intereses de las personas. Con ello, las personas recuerdan lo que han leído y les ha gustado, mientras otros ven con interés posibilidades de futuras lecturas. En lo personal, creo que también es una buena etapa para volver sobre obras de siempre, libros que han marcado la historia o han superado el paso del tiempo, y que tienen la ventaja de no estar limitados a un solo año del calendario. Por supuesto, tienen -como toda lista de libros- la limitación de quien la hace: sus inclinaciones literarias, conocimientos y desconocimientos, gustos y tantas otras variantes que hacen de todos estos ejercicios un ensayo valioso, pero insuficiente, y que debe ser complementado y mejorado. Pese a ello, vale la pena volver a leer algunas obras.

Entre las obras indispensables, para mí el primer lugar lo ocupa desde hace muchos años Los Miserables, el clásico de Victor Hugo. Nada reemplaza leer este libro, ni el excelente musical que lleva más de tres décadas en cartelera, ni las películas que se han hecho desde hace tanto tiempo. El libro es una obra maestra, que cuenta con una gran historia; tiene algunos personajes extraordinarios como Jean Valjean y Javert (pero también otros, incluso aquellos que aparecen muy poco en el libro, como monseñor Bienvenido y Fantine); un ambiente histórico complejo e interesante; amores, contradicciones, fracasos, virtudes, vicios, humanidad. Los capítulos más enredados o excesivos en ningún caso dificultan una lectura que si bien requiere tiempo, logra capturar la atención y la emoción del lector.

Otro libro extraordinario, curiosamente poco conocido, es La hora 25, novela de Virgil Gheorghiu, que ha tenido algunas reediciones en español en los últimos años. Se trata de una obra dramática, sufriente, que por momentos parece que nos supera con sus dificultades, pero con un fondo de humanismo profundo y valioso. Está ambientada en el doble totalitarismo que sacudió a Europa central y oriental: primero el nacionalsocialismo y luego el comunismo. Y bajo este tremendo peso de historia y muerte transcurren las vidas de Ion Moritz y Suzanna, su mujer; el padre Koruga, hombre excepcional, quienes se enfrentan contra otros asociados a la mentira, el poder y la violencia.

Unas memorias que siempre he considerado no solo hermosas, sino también ilustrativas de una época, es la que escribió Stepan Zweig, El mundo de ayer, sobre la Europa que murió junto con el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. En algún momento el escritor se pregunta “¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido?”, precisamente porque le correspondió enfrentar una época tan extraordinaria como terrible, en la cual la Europa poderosa y culta, musical y literaria, se vio opacada por revoluciones y trincheras que sepultaron los sueños de progreso y de grandeza.

Un libro fascinante, y que se lee de un tiro a pesar de lo largo, es La noche quedó atrás, de Ian Valtin. Está ambientado en la Europa de entreguerras, especialmente en Alemania, donde el joven comunista Richard Krebs- verdadero nombre de Valtin- de compromete con decisión con el éxito de la revolución. La historia es más complicada y menos exitosa, y el joven y su enamorada Firelei debieron sufrir la dictadura de Hitler y el comienzo de la represión. Finalmente, y felizmente, la vida cambia de rumbo para el autor de estas memorias apasionantes.

La lista debería ampliarse y agregar obras con otros autores y criterios. Como se puede apreciar, en estos libros la ambientación histórica es fundamental, en los años de las guerras mundiales y el totalitarismo. Hay autores redescubiertos a finales del siglo XX y comienzos del XXI que tienen un gran valor, como Irene Nemirovsky, Sandor Marai y Vasili Grossman. Hace unas semanas se cumplió el centenario del nacimiento de Alexander Solzhenitsyn, que tiene algunas obras de gran valor. Y así podríamos seguir, conscientes de que siempre es un buen tiempo para leer.

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