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La gira de Obama

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 28 de julio de 2008, 21:39h
Si los europeos tuvieran derecho a votar en las elecciones presidenciales americanas, parece fuera de toda duda que Obama las ganaría arrolladoramente. Eso es al menos lo que se viene diciendo desde hace bastantes semanas y especialmente después del viaje que el candidato demócrata ha llevado a cabo la semana pasada por Oriente Medio y Europa. Deseoso de resaltar su impronta kennediana, el momento culminante de su gira tuvo lugar en Berlín, aunque a Merkel no le pareció oportuno que su multitudinario mitin se celebrara en la Puerta de Brandenburgo, llena de resonancias del histórico Ich bin ein berliner del asesinado presidente americano en la entonces excapital dividida y acosada por la insultante arrogancia soviética. Se eligió entonces la Columna de la Victoria, no sin reticencias germánicas porque este monumento se elevó en recuerdo de las agresivas guerras de Bismarck contra Dinamarca, Austria y Francia, que condujeron a la unificación alemana. Obama tuvo su baño de multitud a orillas del tradicional Tiergarten y pronunció un discurso de los suyos: bien construido, con recursos dialécticos capaces de suscitar el entusiasmo popular, con mensajes simples con los que todo el mundo está de acuerdo… pero con escasa sustancia política. Un analista del International Herald Tribune, próximo a los demócratas, lo calificó de “poema sinfónico”. Y otro columnista del mismo grupo editorial, en una línea similar, tras referirse a las “místicas” llamadas a la unidad de Obama, emitía el siguiente veredicto: “Optimismo sin realidad no es elocuencia. Es Disney”. Y es que ciertos pasajes del discurso obamita no daban pie para otras conclusiones. Véase si no el siguiente ejemplo de “buenismo” llevado a al cénit: “Los muros entre razas y tribus, nativos e inmigrantes, cristianos y musulmanes y judíos no pueden mantenerse en pie. Esos son los muros que debemos derribar”. ¿No les suena a Alianza de las Civilizaciones?

A su regreso a Estados Unidos Obama ha reconocido que su viaje no ha tenido ningún efecto en los sondeos que, no obstante, le siguen dando una clara ventaja sobre McCain. Cara al electorado americano el objetivo de la gira no era otro que desmentir su falta de interés por la política exterior, uno de los puntos en que a McCain se le reconoce una cierta superioridad… Dicho sea con muchas cautelas, desde luego, si tenemos en cuenta, por ejemplo, que en las últimas semanas el candidato republicano se ha referido a Checoslovaquia como un país que existe en la actualidad, olvidando el “divorcio” entre Chequia y Eslovaquia, que se produjo hace quince años. Los propios asesores de McCain reconocen que no ha sido una buena semana para éste. Entre otras pifias se ha dejado fotografiar con Bush padre (84 años), suscitando nuevos comentarios sobre su propia edad, que será de 72 años si fuera elegido, lo que haría de él el más viejo presidente de toda la historia americana. Y eso en un momento en que, con o sin razón, se valora ante todo la juventud, algo de lo que Obama va sobrado.

Demasiado sobrado, quizás, porque una de los puntos débiles del candidato demócrata es, precisamente, su escasa experiencia política, ya que no lleva en el Senado ni un mandato completo. De ahí que encuestas recientes reflejen que mientras una sólida mayoría afirma que sabe qué tipo de presidente sería MacCain, son muchos menos los que se atreven a decir lo mismo de Obama. Constitucionalmente el presidente americano es el “comandante en jefe” y, a este respecto y como ha señalado un especialista en este tipo de análisis, los americanos deberán responder en los próximos meses a la pregunta de si se puede tener confianza en Obama para el desempeño de esa responsabilidad. Ahí McCain parece llevar la delantera. Los americanos quieren dejar atrás los dos mandatos de Bush que les han dejado traumatizados desde tantos puntos de vista. Por eso Obama ha acertado apostando por la idea de cambio. Pero, inmediatamente, se suscita la cuestión de qué tipo de cambio sería el que instrumentaría Obama y las dudas se disparan porque nadie sabe cómo sería ese cambio. Por el contrario, para McCain la cuestión es -además de convertir su edad en una baza y no en un lastre- demostrar que su presidencia no sería puro continuismo de la de Bush. Pero quedan todavía cuatro meses largos para el 4 de noviembre y todo puede suceder. Lo único seguro es que los europeos no van a votar, aunque muchos se queden con las ganas.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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