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TRIBUNA

El analfabetismo ético de Pablo Casado

jueves 31 de enero de 2019, 20:24h

El coronel Pedro Baños Bajo acaba de sacar nuevo libro. Titula “El dominio mundial”. No cito editorial por no hacer publicidad. No me preocupa que sea un coronel del Ejército retirado quien diga en este texto para mí importante realmente lo que otros medios de comunicación -algunos o casi la mayoría- no dicen o, lo que es más grave, no analizan, no profundizan, no informan correctamente de lo que está pasando en este mundo inquieto y a punto del apocalipsis -eso creen algunos ingenuos por lo menos-. Intuyo que es cierto. Recibimos en esta segunda década del siglo XXI más información por minuto que la que recibieran nuestros abuelos a lo largo de toda su vida. Información que es desinformación, despiste o este término que ya es como sacado de un chiste de Marx, no de Karl, sino de Groucho, fake news.

En efecto, antes leíamos los periódicos en papel -yo, permitidme, lo sigo haciendo- y ahí algunos hallábamos crónicas, reportajes, periodismo dentro del periodismo independiente en algunos casos. Hoy eso está yéndose hacia ese lugar donde Julio César -ante la observación atónita de ese gran estadista y senador republicano, si bien conservador, que fue Cicerón- cruzó el Rubicón, río fronterizo, metáfora de muro que la República de Roma prohibía cruzar a costa de la pena de muerte. Sé, ilustres lectores, que ustedes conocen de sobra lo que simboliza hoy este vocablo o mito o metaliteratura o lo que ustedes quieran que es “El Rubicón”, por tanto, no me extiendo más. Y, ante todo, no escribo más sobre la Historia de Roma y sus emperadores. Más justamente sobre la muerte de Julio César y lo que ello significó para la posterior humanidad.

Sólo decir que esa muerte es la que el coronel Pedro Baños a mi entender hace uso como metonimia para exponer lenta y caligráficamente qué es esto de la geopolítica, la geoestrategia, la contrainteligencia y la seguridad de los Estados. Hoy el espionaje sigue siendo cuerpo a cuerpo, pero acelerado todavía más a través de esta máquina infernal que es el ciberespacio. Recomiendo, pues, la lectura de este libro lleno de gráficos, estadísticas, dimes y diretes o, como lo dijo nuestro gran Francisco de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos.”

Pero vamos a lo que vamos. En este mundo actual en donde las herramientas que el Poder -de momento, sigue estando, como siempre, en esas manos trumpistas de los Estados Unidos de América- hace uso para debilitar a sus contrarios, pienso que urge poner la tilde sobre la certera palabra para denunciar a las clases políticas que -todos sabemos que no por ignorancia, sino únicamente por necesidad extrema, de extremo derecho a su extremidad- se endiablan con perjuicio para su salud democrática y por tanto por contraindicación para la salud de nosotros, el hombre-masa orteguiano o los pueblos-masa en minoría -ya dije en un anterior artículo que las minorías hoy son las mayorías contra la minoridad de esta magistratura que es la liberalidad global-.

En este país que algunos siguen llamando todavía España como unidad indivisible y centralizadora, los organismos, plataformas, órganos, “somos” y otros sinónimos de los que hoy hacen uso los que antiguamente platicaban como “partidos políticos” carecen de esta ética profesional tan noble y que debería vestirse a maitines. Pues tan urgente tendría que servirse en bandeja de plata con el objetivo no fardón de apaciguar estos fuegos que ascienden hacia los cielos no para asaltarlos, sino para joderlos del todo.

Me estoy refiriendo -ustedes, lectores sabios, ya lo han adivinado- sobre todo al uso del lenguaje que hacen estos organismos u órganos que vienen sobre todo de la derechona de toda la vida. Que no es otra que esta triple A -concédanme el humor por esta referencia- que conforman el Partido Popular, C’s y VOX. Nadie me negará -este “nadie” es un gesto de provocación por mi parte- que es el Partido Popular liderado en principio por este señor salido de aquellas Nuevas Generaciones y que todos conocemos por su nombre y sus dos apellidos, esto es, Pablo Casado Blanco, el que más sustos nos está dando en el día a día hasta arribar casi al nacimiento de esta nueva enfermedad que tiene que ver con el corazón. ¿Qué nombre ponemos a esta nueva cardiopatía? Por mi parte, lo tengo más o menos claro: funambulismo etílico contraarterial. ¿Por qué utilizo esta germanía o jerigonza o argot como sacado del Tocho Cheli de Ramoncín o de esa otra jerga que bien podría hacer suya el Gran Wyoming? Sencillamente, porque me da la gana y punto redondo.

Sigamos. El señor Pedro Casado Blanco es un analfabeto ético a la hora de procurar estar dentro de este complicado mundo de la política. ¿Alguien sigue inquieto ante esta definición? Intentaré reflexionarla: de entrada, este palentino educado en los Hermanos Maristas, que acabó la EGB en Reino Unido y que, según algunos biógrafos -los más preocupantes son los de Wikipedia-, calzó con jeremías estudios universitarios de Derecho en el ICDAE, esto es, integrado en la Universidad Pontificia Comillas, tiene un problema que no es meramente político, sino algo más grave: de cultura general, matemáticas, historia, ciencias sociales, telecomunicaciones, caligrafía óptica, física cuántica, nanotecnología y hasta de oratoria o expresividad gestual. Necesita cursillos en ambulancia de comunicación política. Y es que me da a mí que estas cosillas anecdóticas se ve que no las aprendió de memoria en su desarrollo universitario cuando, no contento con su jarretera carrera, prosiguió escuelas puristas en el CES Cardenal Cisneros -centro privado de una fundación de la Comunidad de Madrid y adscrito a la UCM hasta aprobar el carrerón en septiembre de 2007. Creo que es el momento de jurar con la mano en la Biblia que no me meteré en el chiste de los másteres de Aravaca/Harvard.

Y es a causa de estos posgrados por lo que últimamente lo vemos por las teles y para más agravio –“dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios”, dice el refrán- por este nuevo medio de comunicación que tanto critica en su libro el coronel Pedro Baños que son las redes sociales. No se nos hace ya difícil saber que Twitter es, cual polichinela, la sustitución de la televisión de plasma de Mariano Rajoy o, lo que es peor, ese lugar en donde a mi suponer deberían hacerse públicas las declaraciones políticas en un país, Estado-nación, patria o muerte, res publica o lo que ustedes desearen, ilustres lectores. ¡¡El lugar adecuado para un político y sus manifestaciones comunales no es otro que encima de la Tribuna que manda por ley nuestra actual monarquía parlamentaria española¡¡. He dicho.

Pero al actual presidente del Partido Popular da la impresión de que amanece que no es poco -película de José Luis Cuerda, donde Resines interpreta hoy por hoy a Pablo Casado como joven ingeniero español que trabaja en la Universidad de Oklahoma para gozar de un año sabático en la montaña con misa diaria, ave maría, legionarios de Cristo, etc. Ésa y no otra es la razón axiomática que, como un herbolario en funciones, esté de modo cansino y plasta acechándonos con disparates, ropones, pegotes, jujanas, tostás, gambas o boleros posiblemente por el uso indebido de la metilendioximetanfetamina.

Pablo Casado, casado con la aznaridad/fraguismo/aguirrismo/juventudes con vox y voto, padece, como voy diciendo, de una errática vía a la hora de auscultar la llama viva de una nación que es nación de naciones, más un pluralismo cultural-histórico-lingüístico y ante todo internacional. ¿Quién pone en duda que una mujer de Sevilla es parisina a la vez que catalana a la vez que gallega o argentina, por ejemplo? Suponemos que el señor Casado debería, a mi mal juicio, hacérselo mirar en una clínica privada con consultas de oftalmología. Les recuerdo que su herencia biológica proviene de un padre médico y de una madre profesora universitaria. Su familia creo que aún es dueña de una conocidísima clínica oftalmológica palentina.

Y este, por tanto y porque no le queda otra, es el faraónico ilogismo que le arrastra, cual las aguas que recorren Cantabria y Asturias en estas últimas semanas, hacia esta tendencia suya que, a golpe de yunque y grito como de aurúspice, connota una ausencia casi insultante de ética que a los que poseemos algo de lucidez -imagino, ilustres lectores, que ustedes todavía la poseen- nos da a pensar de que lo único que le interesa es lo que por definición se ha convertido la política en su gravedad de ultramodernidad en estos últimos tiempos bárbaros, esto es: gobernar el Reino cueste lo que cueste y a costa de lo que consta. “Me consta o no me consta”, es ya frase que todos leemos o escuchamos por los mass media cibernéticos o no, que ya da lo mismo la RED que la almadraba tradicional.

Por consiguiente, que diría un Felipe González algo despistado últimamente, de la misma manera que algo despistadillo y contramachadiano se muestra Alfonso Guerra. Y es que de tanto escuchar a Mahler se ve que Alfonso Guerra, sí, el sevillí que se cepilló el nou estatut català, no se ha leído esa estupenda novela de un vecino que fue suyo en Majadahonda: “El día que violé a Alma Mahler”, 1988, de un tal Francisco Alejandro Pérez Martínez, por todos conocido por este bello aforismo que para mí debiera permanecer en los anales de la historia de la televisión, exactamente en los archivos de Chicho Ibáñez Serrador: “Yo he venido aquí a hablar de mi libro”, sin tener el personal ni puñetera idea del libro que se trataba en cuestión: “El socialista sentimental”, que yo me lo leí aquella misma noche del trance con mi bella Mercedes Milá. Por consiguiente, decía y digo, Pablo Casado Blanco tiene solamente dos últimas opciones:

Una: no actuar ni como Nicolás Maduro ni como Donald Trump, ni siquiera como él mismo.

Y dos: lectura obligada mientras le baja la metilendioximetanfetamina para relajarse entre mitin y mitin de los siguientes incunables. No citaré edición ni fecha por no dar publicidad ni interferir en la copiosa venta de estos Gutenberg ‘vs’ Zuckerberg.

Ahí van como recomendación: “Promesas incumplidas”, de Javier Moscoso; “Ética general de las profesiones”, de Augusto Hortal; “Diez palabras clave en ética”, de Adela Cortina Orts; “Moral del ciudadano ante los impuestos”, de Mario Pérez Luque; “Teorías de la moralidad. Introducción a la ética comparada”, de José María G. Gómez-Heras; “El discurso filosófico de la modernidad”, de Jürgen Habermas; “Passejades”, de Henry D. Thoureau; “La promesa de la política”, de Hanna Arendt; “Lo que el dinero no puede comprar”, de Michael Sandel; “El arte de saber escuchar”, de Francesc Torralba; “Contra el odio: un alegato en defensa de la pluralidad, del pensamiento, la tolerancia y la libertad”, de Carolin Emck, y para finalizar, lo último de Fernando Savater: “La peor parte. Memorias de amor”.

NOTA: La política no posee un fin; en su lugar, ha sido en ocasiones -y quizá pueda volver a serlo- el empeño nunca acabado por parte de la gran pluralidad de seres humanos por vivir juntos y compartir la tierra bajo una libertad mutuamente garantizada. Esa es la promesa de la política.

Por último: ¡¡Feliz cumpleaños, señor Pablo Casado Blanco¡¡, que este 1 de febrero, viernes, ya son 38 tacos.

Mis amigos, todos ciudadanos del mundo, también se lo desean de esta manera. Lo siento, don Pablo, pero tendrá usted que ir a cursos intensivos de idiomas:

Per molts anys / zorionak / parabéns / gëzuar ditelindjen / Alles gute zum Geburstag / chestit rojden den / jouyeux anniversaire / gilocavth dabadebis dghes / boldog születésnapot / buen compleanno / til hamingju med afmaelisdaginn / la mult’i ani / s dnem rozhdeniya / kul ‘am wa antum bekheir / Sun Yat Fai Lok¡ / Yom Huledet Sameakh / janam din ki badhi / otanjobi omedeto gozaimasu / tersen edriin bayar hurgeye / Chuc Mung Sing Nhat.

O, por decirlo con los tuyos, de esta guisa: “divertido y friki: si tu cumple ‘is’, la fiesta ‘is coming”, “los ‘taintantos’ te sientan genial”, “¿es tu cumple?, pues chapa y pintura y ¡lista para la aventura¡”, “feliz cumpleaños, ríe y sonríe mientras puedas, que tus dientes tienen fecha de caducidad”, “tal día como hoy, tu madre, en colaboración con una compañía eléctrica, dio a luz. ¡Brilla¡”.

Dice el anónimo: “Más vale reír en una choza que llorar en un palacio”. FIN.

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