Franco convocó más elecciones y referéndums que Sánchez y Maduro juntos. El régimen siempre aportó claridad al electorado: Votar sí, es que Franco siga. Votar no, que no se vaya. De persistir la confusión, era disipada mediante una nítida recomendación: Los que voten sí que vayan al Ayuntamiento; los que voten no, al cuartel de la Guardia Civil. Franco, que nunca se metía en política, terminó recomendando a su Ministro Solís que se preparara para ganar unas elecciones. Sabía que los españoles disfrutarían, finalmente, de una democracia. Hoy deseamos que Sánchez cumpla su palabra convocando elecciones, como prometió cuando llegó a la Moncloa por la puerta de atrás, abierta con la llave de la antipatria y el totalitarismo. Con anhelo, también los venezolanos esperan que el dictador Maduro se vaya para recuperar una convivencia democrática y sin miserias. Contrasta la parsimonia de Sánchez en el reconocimiento a Guaidó con el criterio tradicional del PSOE contra las dictaduras. En 1950, Rodolfo Llopis, secretario general de los socialistas en el exilio, exhortaba a sus correligionarios: “Europa, que ha perdido multitud de ocasiones para acabar definitivamente con el problema español, debe acudir a la violencia pues las condenas morales no derrocan tiranos”. Para Llopis, el problema español entonces era Franco.
Tezanos, aprendiz de masterchef, cocina en los fogones del CIS un menú a la exclusiva satisfacción de Sánchez. Sus métodos son a la demoscopia lo que el microondas a la gastronomía. Susana Díaz comenta perpleja los resultados entre sus leales, que caben en un Cabify: “¡Qué cosa más rara! Estoy segura de que Pedro se dopa, porque con lo mal que pedalea ¿de dónde saca ese ir escapado y en cabeza?” Tezanos confirma lo que toda España ya sabe: Sánchez no corre, sino vuela. Y el PP, como el indomable Escartín en el Tour de Francia, haciendo la goma; de la segunda posición se descuelga a la cuarta. Tremenda pájara la sufrida por la gaviota de Génova.
Aire fresco ventiló la gala de los Premios Goya. Entre las habituales y empalagosas sandeces de esa petulante izquierda engreída en su presunta superioridad intelectual, se abrió paso un canto a la vida, dejando fuera de foco la ridícula gansada progresista del “terrorismo sionista”. Con su alma bondadosa y limpia, el Campeón Jesús Vidal, mejor actor revelación, entonó un discurso inclusivo provida y profamilia. Los corifeos de lo políticamente correcto se removían en sus asientos. Los apóstoles del aborto permanecieron atónitos ante un estreno que para ellos no debía estar en el guión. Incapaces de exigir que se repitiera la toma, aplaudieron cínicamente y, con la procesión por dentro, abandonaron la sala con la derrota a cuestas. Que hubiera sido por goleada de obtener Gloria Ramos el primer Goya para una persona con síndrome de Down. Resulta inquietante que en los últimos años se ven menos niños con este síndrome. O avanza la medicina o la barbarie. Pero siempre habrá Campeones que sostengan la vida y, con ello, la esperanza.