John Connolly (Dublín, 1968) es sobre todo conocido como autor de novelas policiacas, y en especial las protagonizadas por el detective Charlie Parker, un expolicia, hijo de un agente que se suicidó, que vive dominado por la obsesión de encontrar al asesino de su mujer y de su hija de tres años, brutalmente asesinadas mientras él bebía en un bar. En Parker, el escritor irlandés dibuja un excelente personaje, con toques de autodestrucción motivada por un sentido de culpa, a quien involucra en historias llenas de violencia, y con elementos sobrenaturales. Connolly cuenta con un sinfín de seguidores que esperan impacientes nuevos casos de Charlie Parker, como los de Todo lo que muere -donde nació el personaje-, El poder de las tinieblas, Más allá del espejo, Voces que susurran o Tiempos oscuros, entre otros títulos.
El libro de las cosas perdidas es, sin embargo, una excelente muestra de un registro muy diferente de Connolly. No es una novela de la serie de Charlie Parker ni una novela policiaca con otro personaje. Tusquets recupera con acierto, incluyendo un prólogo de Connolly a la edición, esta historia de aprendizaje, aprendizaje del mundo, de la vida, y de uno mismo, que atrapará a jóvenes y adultos. Si protagonista es David, un niño de doce años que ha perdido a su madre. Su padre ha vuelto a casarse, pero él no puede ni quiere olvidarla. Está convencido de que vive y de que ha de encontrarla.
En plena Segunda Guerra Mundial, vive con su familia en las afueras de Londres, donde se han trasladado huyendo de los bombardeos alemanes. David se refugia en los libros, “porque lo recuerdos de su madre estaban inextricablemente unidos a ellos y a la lectura […] David fue el encargado de salvaguardar los libros de su madre, y los añadió a los que le habían comprado a él”. El libro de las cosas perdidas, donde Connolly ofrece también versiones personales, sorprendentes, y a veces un tanto retorcidas de célebres cuentos, como Caperucita o Hansel y Gretel, es un canto al poder de la fantasía y la imaginación, a la fuerza de la literatura, algo que cada vez es más decisivo reivindicar. No pierdan de vistas las ilustraciones de Riki Blanco, con las que el volumen se enriquece.