Nada más antidemocrático que presionar a los jueces, que escrachear a los magistrados, que amenazar a...
Nada más antidemocrático que presionar a los jueces, que escrachear a los magistrados, que amenazar a aquellos a los que el Estado de Derecho ha encomendado el juicio de los presuntos autores del intento de golpe de Estado en Cataluña. La independencia de la Justicia es el cimiento sobre el que se asienta el edificio de una democracia pluralista plena. También los medios de comunicación, zarandeados hoy en Cataluña por el alud secesionista.
Es la hora de los jueces. Y hay que dejarles trabajar sin coacciones ni amenazas, sin cercos mediáticos ni algaradas callejeras. Somos muchos los que creemos que los siete magistrados harán un trabajo jurídicamente impecable. Y las condenas, bien por rebelión, bien por conspiración para la rebelión, bien por sedición y prevaricación, serán justas, sancionando los presuntos delitos que pretendieron fracturar la unidad territorial de España después de 500 años de Historia unida.
El secesionismo, cada vez más cuestionado en la propia Cataluña, ha decidido jugar sus cartas creando un espectáculo escandaloso durante el largo procedimiento judicial. Los constitucionalistas deberán permanecer alerta para combatir o yugular los propósitos de los separatistas, que mienten, por cierto, sin cesar, que lo manipulan todo, lo deforman todo, lo emponzoñan todo. Por fortuna, la opinión pública ha tomado ya conciencia de las trampas secesionistas y está dispuesta a desbaratar la acción del separatismo catalán.